domingo, 9 de agosto de 2009
Being Vampires
Cuando estoy muy cansado viene a mi cabeza un famoso poema de Dylan Thomas…
The force that through the green fuse drives the flower
Drives my green age; that blasts the roots of trees
Is my destroyer.
And I am dumb to tell the crooked rose
My youth is bent by the same wintry fever.
[…]
Por supuesto yo recuerdo la versión traducida pero a ustedes le escribo el original por respeto al poeta. Por lo común a la gente no le gustan las cosas que no entienden, necesitan tener una descripción precisa de los hechos para después juzgarlos con su milagroso sentido de lo que es justo y lo que no. En el instante en el que le dan nombre, en el exacto momento en el que le confieren una identidad y la registran en sus memorias, en ese intervalo también le despojan de vida, de verdad. Pienso que Dylan Thomas comprendió esto y pienso que la única forma de transmitirlo es no apuntándolo directamente con el dedo.
¿Dos?, ¿tres horas? Llevo sentado tanto tiempo aquí que los ratones han dejado de considerarme una amenaza y circulan con toda libertad entre la alcantarilla y los arbustos en busca de restos de comida. Debería regresar a casa, me gustaría regresar pero creo me he acostumbrado a esta posición, la de estar sentado y esperar. Es mejor que nada, es mejor que continuar caminando, mejor que arrástrame hasta una maloliente boca de metro y encerrarme en un cubículo con personas que no conozco hasta que una dirección familiar en la pared del andén me salve. En los vagones del metro siempre hay gente, no importa qué hora señalen las agujas del reloj, nunca he accionado el dispositivo que abre las puertas y me he encontrado un vagón vacío, siempre hay gente, paralizados, incómodos, mudos, como si estuviera penalizada cualquier tipo de actividad salvo la de leer el periódico, mirarse la punta de los zapatos o dirigir la vista a un punto muerto. Yo les miro, clavo mis ojos en ellos, los escudriño aun cuando a poco sienten el escozor de mi mirada y levantan entonces la suya hacia mí como si me interrogaran: bien, ¿qué quieres tú? Y hay una ligera basculación en sus pupilas que bien valdría ser miedo, miedo a estar expuesto, miedo a ser descubierto, miedo, miedo, miedo a veces tan agresivo que les agrieta la piel hasta la carne roja del músculo. Y sí, es entonces mejor, mi juicio menos justo, más acertado, cuando siento la retina desprendiéndose en delicados y finos hilos del globo ocular, flotando en el espacio muerto que nos separa, girando lenta, helicoidalmente a través del vagón, en busca de ti, de la cicatriz que el miedo ha abierto para que la masa acuosa de mis ojos pueda filtrarse en la carne como la lluvia en el tejado de un edificio abandonado.
El hombre que atraviesa la plaza está muy delgado, parece que acabara de salir de un centro de desintoxicación para heroinómanos. Lleva una camisa de un blanco indefinido y unos pantalones vaqueros, avanza ágilmente pero sin prisa, a ratos mueve los brazos, reaccionando a un particular fragmento de cierta canción que le gusta. Me levanto por fin y resuelvo seguirle algunas calles. No se apercibe de mi presencia, camina siguiendo un itinerario supuestamente preestablecido, mostrando poco interés por las cosas que suceden a su alrededor, despreocupado y taciturno al mismo tiempo. Si no estuviera tan fatigado sería fácil llegar a su altura y mirarle a la cara. Mirar la cara de alguien dice mucho de ese alguien, claro que la vestimenta asimismo lo dice, y la maniobra de apartar un mechón de pelo de la frente, y como se toca la clavícula antes de decir algo importante, y el ángulo de flexión de la columna vertebral… ese tipo de cosas. Pero es el semblante, es cada línea que lo perfila, cada gesto obligado, cada mueca imperceptible quienes definen a su poseedor… si se presta el debido cuidado no sólo indicará qué tipo de vida lleva también expondrá qué piensa, qué apunta, qué siente o ha sentido, qué ha deseado, qué ha temido… y su historia entera hasta el detalle del día trece de febrero de mil novecientos noventa y cinco.
Considero abandonar mi persecución cuando de improviso se desvía de la ruta que había venido siguiendo para girar en la bocacalle de la izquierda que está peor alumbrada, no recorre más que diez o quince metros antes de detenerse frente a uno de los portales. Me pregunto si después de torcer la esquina y hacerme visible la curiosidad me otorgará el coraje de acertar el final a esta locura. En el último momento impido con el pie que la puerta se cierre. Escucho el chirrido del ascensor al elevarse y luego el golpeteo de la mampara metálica una vez detenido. Por el intervalo deduzco que ha debido bajarse en el cuarto o el quinto. Subo por las escaleras y compruebo en cuál de ellos la portezuela del ascensor está iluminada. En efecto, en el quinto piso acaban de cerrar la puerta de una de las viviendas al fondo del pasillo. El corazón golpea en mi pecho como la patada caprichosa de un niño a una lata vieja. Mientras avanzo por el corredor noto el sudor debajo de mis axilas empapando la camisa e irracionalmente llevo allí mis manos como si quisiera detener una hemorragia. Con las manos todavía debajo de los brazos me inmovilizo junto a la puerta y pego la oreja en ella tratando de distinguir los movimientos que se producen dentro de la casa. Después de un rato desisto, me separo de la puerta y meto las manos en los bolsillos. En el de la derecha guardo las llaves de mi propio domicilio, suena un tanto idiota pero estoy convencido que si las introdujera en la cerradura y las hiciera girar la puerta se abriría. Dudo unos instantes antes de hacerlo. Con extrema cautela para no ser oído desde el interior encajo la llave que desplaza el pestillo sin dificultad. La casa está flanqueada por un estrecho corredor que va dando paso a las diferentes estancias. La luz de la cocina está encendida sin embargo no hay nadie, sobre la nevera un par de imanes sujetan un folio con los turnos de limpieza, han dividido la casa en tres secciones, salón-pasillo, cocina y baño que se reparten de manera rotatoria cada semana entre los inquilinos anotados: Rubén, Andrés, Manu. Uno de esos tres nombres es el suyo. Al final del corredor en otra habitación la luz también está prendida y tampoco hay nadie. Una docena de camisas cuelgan de sus perchas repartidas por los diferentes rincones del cuarto a modo de decoración, sobre la cama que parece llevar varios días sin hacer está situada una librería de una sola altura ocupada sólo por libros de poesía, a su lado un mueble abierto con diversos estantes dónde se apiñan discos y algún objeto de higiene corporal. En la pared opuesta lucen más estantes anegados de más libros, un feo armario y un pequeño escritorio igual de feo. Encima del escritorio hay un ordenador portátil y un fino volumen abierto boca abajo. Me siento en la silla del escritorio imaginándome la cara que pondrá cuando me vea aquí, tratando de concretar primero sus facciones para cuando entre y me vea ahondar luego desde la imagen en él.
No quiero preguntarme más cosas, de momento está bien así. Sólo preciso aguardar su aparición. Sólo esperar. Cojo el libro que está sobre el escritorio y leo el final de la página por la que estaba abierto.
[…]
And I am dumb to tell a weather’s wind
How time has ticked a heaven round the stars.
And I am dumb to tell the lover’s tomb
How at my sheet goes the same crooked worm.
martes, 28 de julio de 2009
El Happy Birthday del día: Pato
Pato hizo este dibujo perfectamente sobria en una servilleta de papel a las cinco y media de la mañana vete a saber en qué antro de Vigo.
Ustedes no lo saben pero dibujar en servilletas de papel a las cinco de la madrugada es una de las mejores cosas que se pueden hacer a las cinco de la madrugada en un bar, por supuesto, la otra mejor cosa es seguir bebiendo, pero eso no tiene demasiado merito.
La primera vez que vi a Pato estábamos la pandilla recién llegados a Galicia, fue la primera vez que también coincidía con esas otras dos amigas de premio Nobel que atesora David, Lore y María, y la primera vez que asociaba la ciudad de Vigo como sinónimo de vacaciones. Habíamos alquilado un coche y Santi condujo la noche entera mientras yo obligaba a todo el mundo a escuchar mi música a todo trapo, ni que decir tiene que en el momento en que me ofrecieron una cama, una vez alcanzamos nuestro destino, acepté de inmediato. Cuando desperté era bien entrada la tarde y en casa de María había llegado más gente, no recuerdo cuanta más. Dialogaban no sé muy bien de qué, creo no participé mucho en la conversación, además no se extendió demasiado, Pato tenía que tomar a la hora el ferry que la llevara de vuelta a Cangas si no quería tener que esperar al siguiente. María la llevaría hasta el puerto y David y yo decidimos acompañarlas. En el coche se habló de bastantes cosas pero tampoco recuerdo de qué, recuerdo que llegamos con el tiempo justo y que décimas de segundo después de que Pato comprara el pasaje el barco soltó amarras, recuerdo como nosotros continuábamos animándola a cogerlo aun cuando ya lo había perdido y recuerdo que me alegró que lo perdiera.
Bueno, y quién es Pato se preguntaran algunos de ustedes. No soy el más indicado para darles una respuesta. Yo no sé muy bien quien es Pato, apenas la he visto un par de veces, sé que lee libros en varios idiomas, que le encanta la música, que es fanática de Suede, The Smiths, The Cure, de los Manic Street Preachers, lo cual no es muy arriesgado, si lo es ya en el caso de Dolly Parton, New York Dolls, Siouxsie & The Banshees… sé que debe mirar la lluvia desde la ventana de su habitación, que cierra la puerta y a veces se pone a bailar, sé que le chifla hacer listas del cien al uno, del cuarenta al cincuenta, del dos mil hacia delante, sé que últimamente tiene fijación con los prerrafaelistas, sé que odia que la estafen en el cine, que ama las películas de terror y la serie B, sé que regala christmas artesanos a sus amigos y tarjetas de felicitación que hace ella misma, sé que de alguna forma conseguiré leer más de esas inquietantes historias de gemelos que guarda celosamente en varios de sus cajones, sé que colecciona pegatinas, cachivaches y alguna rareza, sé que no sabe en qué momento una de las estanterías de su cuarto se vendrá abajo y la sepulte una tonelada de mangas, sé que viajará a Japón y pedirá un café con leche en japonés, sé que en un futuro próximo ganaremos el maldito certamen de comic de Cangas aunque tengamos que hacer trampa, sé que no comprende porque esos enanos no se pueden estar callados y quietecitos atendiendo a algo por lo que sus padres han pagado, sé que se muere de vergüenza cada vez que hace un buen chiste y nadie lo entiende, sé que no le gustan los exámenes, sé que adora meter cosas en un sobre, cerrarlo, ponerle un sello y meterlo en el buzón, sé que es mucho mejor cuando toca abrirlo, sé que a veces se pregunta cosas que nadie se pregunta y se pregunta por qué coño nadie se las pregunta, sé que hoy es su cumpleaños…
Feliz Cumpleaños Pato.
miércoles, 8 de julio de 2009
Making Vampires
Me levanto y enciendo el ordenador, abro una página de Word y pienso en escupir algo de literatura auto-condescendiente que luego colgaré en mi blog. Como no se me ocurre nada me entretengo en pasar un par de viejos recopilatorios de Joy Division de audio a mp3, los escucho y ambos me parecen geniales, aunque solo me decido a incluir uno en el reproductor. Me recuesto otra vez en la cama con los auriculares salpicando sobre mi cráneo la voz siniestra de Ian Curtis… Walk in silence, Don't turn away, in silence. Your confusion, My illusion, Worn like a mask of self-hate, Confronts and then dies. Don't walk away…
A la hora despierto con las sabanas pegadas al cuerpo, tratando de precisar el nombre de la persona con la que he soñado. Ésta, en el sueño, primero me ha regalado una maceta con girasoles gigantes y después, en otra localización, (al inicio era una casa de campo), ha sido portadora de una mala noticia. No he logrado recordar más detalles, pese a poner todos mis sentidos en ello ha sido imposible, y la impotencia ha terminado por focalizar en otra parte de la memoria esa sensación de desasosiego que arrastraba desde el principio de la noche.
Abro un paquete de galletas y me siento delante del televisor esperando a que éste me calme, desgraciadamente a esa hora solo dan estúpidos concursos o anodinas reposiciones de conciertos de jazz y no tiene el efecto de siempre. Opto por darme una ducha y mientras el agua fría me abofetea pareciera que funciona, que no pienso, que no siento… pero es cerrar el grifo y todo vuelve a la normalidad. Miro la imagen que me devuelve el espejo como si fuera la de un desconocido, he debido perder cuatro o cinco kilos estos últimos meses, no es mucho pero para alguien de mi constitución supone un acontecimiento catastrófico, estoy casi peor que Christian Bale en El Maquinista. Conduzco mi mano sobre el abdomen ascendiendo por los costados hacia el tórax palpando cada una de las costillas que amenazan con salir en cualquier momento disparadas de la carne, me detengo en la primera izquierda, cerca del esternón, en el punto que todavía me duele desde el incidente, presiono gradualmente hasta que suelto un gritito.
Son las cinco de la mañana y estoy sudando de nuevo. Me visto, cojo algo de dinero, salgo a la calle.
Desciendo a la carrera por la calle de Atocha, estoy corriendo porque llego tarde a una cita, he quedado con Víctor en El Retiro, aunque no es así como lo recuerdo, está atardeciendo y me gusta correr, no entiendo muy bien la razón pero me gusta, corro casi todas los tardes, un día lo hice durante una hora y cuarenta y tres minutos, luego tuve una tendinitis en ambos tobillos y ya no corrí más, no podría ser corredor de fondo, pero me daba igual, tendría que elegir otra cosa, no recuerdo qué cosa fue la que elegí pero no era seguir corriendo así que no me explico porque lo estoy haciendo ahora, aunque tal vez no lo haga, tal vez lo imagine, lo recuerde, proyecte un recuerdo hasta mí que soy en el presente y me identifique con él. Bien, entonces ése que fui yo corría calle abajo por algún motivo, se detenía junto al semáforo, alzaba la vista y observaba los árboles meciéndose al compás como las olas del océano cuando se aproximan a la orilla, observando el destello de la luz moribunda del sol atravesando una celosía de hojas doradas, el rugido de los autos, su volumen y movimiento, el espacio físico que ocupaban momentáneamente en el tiempo, las personas que esperaban a que el muñequito verde del semáforo resplandeciera, inquietas, ansiosas, desconfiadas, adormecidas… Ése que creo fui yo, inmóvil, también a la espera, imponiéndose la necesidad de convertir la realidad primero en experiencia y luego en memoria, en pasado… Ése ¿alguna vez estuvo vivo? ¿Tiene algo que ver conmigo, con mi yo, ahora, que siento, pienso y actúo? ¿Acaso pensaba, sentía, actuaba él? ¿Pienso yo ahora, siento, actúo o es que sólo lo recuerdo?...
Apago el reproductor, lo meto en el bolsillo y estiro los brazos. He llegado hasta Ciudad Universitaria desde mi casa, ya ha amanecido y hay en el aire un matiz frío y puro como si se hubiera derramado un pedazo de cielo sobre la tierra. Me descalzo y refresco mis pies en la hierba. Quedo allí durante un momento, sin moverme, esperando que llegue alguien y apoye su mano sobre mi hombro, que me diga lo que tengo que hacer a partir de ese momento, cómo debo regresar a mi casa, cuándo he de cepillarme los dientes, qué palabras son las adecuadas, a qué hora debo despertarme… Llegará, lo recuerdo, ha venido ya muchas veces, pero mientras soy libre, estoy respirando, inevitablemente, solo, pequeño, triste, feliz…
Me aseguraré de poder recordarlo.
jueves, 18 de junio de 2009
Experiencias cercanas a la estupidez y a la muerte
No creo en el castigo divino ni en el destino ni en nada de todas esas cosas pero sí que puedo afirmar que esa noche acumulé el suficiente “mal karma” para merecerme lo que me pasó.
Había quedado con mi amiga Cris y mi amigo Joaquín para tomar algo, desde mi cumpleaños no les veía y me apetecía gastar una noche en su compañía. Y todo es normal, alegre y distendido hasta que he tomado dos o tres copas de más, me vuelvo hipersimpático y empiezo a comportarme como un auténtico gilipollas. Todas esas idioteces de las dinámicas, ruedas interpretativas y demás… Los que me conocéis mejor sabéis de lo que hablo. Hay un momento de la noche en el que consuetudinariamente me entra la manía de interpretar personajes, y no sólo eso sino que trato que todos los que están a mi alrededor colaboren. Si se negaran o pasaran de mí me emberrincho como un crío y comienzo a tocar las pelotas, joder, toco mogollón las pelotas a la gente, no sé como nadie me ha partido la cara todavía. Pero lo malo es que algunas veces toco las pelotas a mis amigos, David y Rosario pueden dar fe de ello. Ayer le correspondió el turno a Cris y creo le dije, utilizando un eufemismo, algunas cosas por encima de la inconveniencia. Se marchó más decepcionada que enojada y yo me quedé solo sentado en la barra del bar apurando mi copa, pensando en cómo iba a solucionar el desaguisado.
Tuvo la caballerosidad de agarrarme el teléfono y escuchar mis disculpas. Hablamos mañana, me dijo y colgó.
Hoy no tengo su número de teléfono para llamarla, no tengo el número de nadie.
Me tranquiliza especular que estuve en manos de un profesional del asunto, que tenía su experiencia a la hora de estrangular personas y que en todo momento controlaba la situación, que no era de esos otros, irresponsables, generosos en su esfuerzo, que confían más en éste que en su talento, primos hermanos de los accidentes y las catástrofes. Aunque ahora mismo solo puedo pensar que me duele el cuello una barbaridad, apenas puedo girarlo y el simple acto de deglutir me produce un latigazo de dolor insoportable. Mañana iré al médico para asegurarme que todo anda en su sitio.
No tengo ni idea si estuve a punto de palmarla o no pero hay una cosa de la que estoy seguro, no quiero despertarme al día siguiente de una borrachera avergonzado y con la obligación de pedirle perdón a un amigo, a los amigos no se les pide disculpas, la amistad por definición no contempla esa circunstancia, la amistad es algo sagrado, al menos lo es para mí, es lo único en lo que creo y en lo único que tengo fe. Intuyo que ya es hora de cambiar de personaje, dejar de ser el bufón nocturno en el que me convierto, el mismo que en el fondo solo oculta a un tío excesivamente tímido y lleno de complejos. No me apetece ser la reina de la fiesta ni divertir a los demás si eso supone que en algún momento voy a dar por culo a alguna persona a la que quiero. Concededme dos semanas, en dos semanas le cambio la careta al idiota.
...
martes, 12 de mayo de 2009
16 Números de Ficción
1
Steve me mira con sus ojos de pescado como si acabara de presenciar una resurrección. He desaparecido tan solo dos días pero en esta isla minúscula el record de desapariciones está fijado en cuarenta minutos veintisiete segundos. Podría preguntarme dónde he estado, dónde me he escondido, por qué mis ropas están sucias y mojadas… no lo hace, y se lo agradezco. Me tiende un Cd que acepto sin excesivo entusiasmo mientras me siento encima de la cama y me cubro con la toalla simulando secarme la cabeza para que no me vea llorar. Cierra la puerta y se va.
A veces tomas una decisión y no la puedes llevar a término simplemente porque el agua del océano está demasiado fría. El frío es tan intenso que los músculos de tu cuerpo no quieren obedecerte, deseas avanzar, dar una sola brazada y es imposible, lo único que consigues es chapotear de manera patética al lado de la orilla temblando sin control… comprendes que las decisiones más importantes de la vida y también las más estúpidas no dependen de la voluntad de uno sino que han de sucederse a un nivel invariablemente aleatorio.
Observo el Cd que todavía tengo entre las manos intentando descifrar la letra infantil de Steve a través de las lágrimas. Mike Scott’s Songs The Waterboys. Lo coloco en el reproductor, bajo las persianas y me tumbo en el suelo.
We're sailing in a strange boat
heading for a strange shore
We're sailing in a strange boat
heading for a strange shore
Carrying the strangest cargo
that was ever hauled aboard
We're sailing on a strange sea
blown by a strange wind
We're sailing on a strange sea
blown by a strange wind
Carrying the strangest crew
that ever sinned
We're riding in a strange car
we're followin' a strange star
We're climbing on the strangest ladder
that was ever there to climb
We're living in a strange time
working for a strange goal
We're living in a strange time
working for a strange goal
We're turning flesh and body
into soul
2
Ayer recibí una llamada. Al parecer él está aún más solo que yo. No sé realmente que pretende ofreciéndome de nuevo su amistad, amistad que revirtió y anuló hace unos años y que todavía escuece. No tenemos nada en común, no hice más que amoldarme un tanto a su personalidad y gustos, todos los que nunca en verdad han sido míos pero que fui adoptando para estimular su compañía. Prácticamente son sus palabras. Siempre fue una persona con una lucidez por encima de la media, hasta cuando cometía errores éstos mismos se resolvían en su gesto frío y seguro hasta regresar con la apariencia de ejemplo a seguir: “Haz algo”. Debería, claro, eso siempre ha estado presente, la actividad, la función y el sentido de la vida de uno, pero reconozco que cada vez con mayor intensidad me resisto ante el ineludible condicionante de hacer algo, de ser algo. Es estúpido, lo sé, tan estúpido como viajar a un país lejano y matar el tiempo en la habitación de un hotel. La vida es un enriquecimiento continuo, hay miles de cosas que aprender, que experimentar, sensaciones, emociones, perdidas y ganadas. Pero todo gira en torno a mí como las ruedas de un carro, nunca podría comenzar a contar desde el primer radio.
3
Apenas he comenzado el viaje y ya han basculado todas las emociones posibles que una persona puede experimentar, desde la euforia y el optimismo hasta la soledad, el cansancio y la tristeza.
Me vuelvo cada día menos previsor y ordenado. Poco he pensado en el viaje, ni siquiera deseaba comenzarlo, pero uno debe hacer algo, debe estar en movimiento, eso “aconsejan”.
He estado a punto de perder el autobús esta mañana, estoy demasiado acostumbrado a llegar tarde a cualquier sitio, si los españoles se tomaran en serio los horarios indudablemente lo hubiera perdido.
Al llegar a Salamanca en la misma estación compré de inmediato un billete para Oporto, no me apetecía quedarme un día entero en una ciudad tan al alcance de Madrid, entre más lejos mejor. El frenesí y la improvisación hicieron sentirme bien. Compré una empanada de atún y mientras iba mordisqueándola de camino al centro de la ciudad pensé cuan agradable es estar de viaje, que bueno es tener un destino en un horizonte mediano. Ahora sentado en un banco dentro de la catedral, (qué crueles edificios para los hombres), en esta atmosfera lúgubre e imponente salen a flote cada una de las amarguras que se van incubando a lo largo de la vida, los pequeños complejos, la autocompasión, la desesperanza y el absurdo.
Llevo esperando el toque mágico por quizá una década, desde que se abandona el albor de la juventud y uno se precipita de cabeza en la edad adulta, ese mísero resplandor que se estrecha entre el final de la alambrada y el simple anhelo de ser amado, ese otro lugar diferente, ese otro transcurrir diferente que todavía no he entendido del todo.
4
Estoy comiendo tallarines al tuco en un pintoresco restaurante en el barrio de San Telmo. Son una especie de fideos gruesos, amarillentos, con salsa de tomate y perejil. No sé si están buenos porque tengo tanta hambre que los engullo antes de que alcancen una temperatura prudente para no quemarme la lengua.
Los camareros son críos de entre once y trece años, como la mayoría parecen gente tranquila, hablan pausado y caminan con una lentitud desconcertante. El que debe ser el patrón, un hombre que mira de lejos los cincuenta, calvo y con lentes, me tomó nota muy amablemente y al rato volvió para interesarse si me había gustado o no la comida. Todo muy rico, le dije.
Me apresuro a terminar el plato de tallarines porque casi es medianoche y temo estén a punto de cerrar. Lo están pero eso no les importa, aquí el tiempo transcurre de otra manera, lento, en la medida del imprevisible talante del bonaerense.
Hace unos minutos ha terminado el partido de Boca, al punto se ha levantado la mitad del local y se han marchado. La otra mitad ni siquiera carga relojes, departe amigablemente mientras ofician los clásicos rituales de las sobremesas. Hay en el argentino un lenguaje a mitad de camino entre lo serio y la teatralidad complaciente. Gustan de utilizar la ironía y a pesar de su aparente ausencia ánimo son observadores sagaces.
5
Cuando salgo no me apetece regresar a mi hotel, Buenos Aires simula una endemoniada actividad, nadie parece preocupado porque sean las tantas de la madrugada, de las tanguerías escapa el humo rápido del cigarro, un rumor ahogado de llantos, de música, las pizzerías continúan abiertas e infectadas de hambrientos clientes nocturnos, los chavales juegan a ser maradona en la calzada… Contagiado de esa figurada despreocupación antes de darme cuenta me he alejado demasiado, las pizzerías ya no están abiertas, no hay luces en las ventanas y las farolas se espacian cada ven a mayor distancia… Me he perdido, no saco el mapa para orientarme porque considero que llevo más del tiempo necesario en esta ciudad para actuar como un turista indefenso, y porque está bastante oscuro, el barrio se ve bastante amenazador y si lo saco sí que voy a parecer un turista indefenso… Después de caminar en círculos durante media hora me rindo y trato de fijar mi posición; antes de comprobar que me he apartado de cualquier punto conocido del mapa un adolescente emerge de la oscuridad en mi dirección. Traté de preguntarle donde podía encontrar un remis que me llevara de vuelta al hotel pero no me hace caso, está únicamente interesado en venderme unas estampillas, como le digo que no se aprieta contra mí y me asegura que tiene una navaja en el bolsillo, si no le doy todo mi dinero me la clavará. No me mira cuando me amenaza, su cabeza está casi pegada a mi pecho y es con mi pecho que habla, yo no le doy miedo, tiene miedo de lo que se supone que implicaría si le dijera otra vez que no. Me aparto unos centímetros y le tranquilizo. ¿Ves? Le digo, saco mi monedero y lo vacio en su palma derecha, acto seguido cierro la cremallera y lo introduzco de nuevo en el bolsillo del pantalón. Le miro alejarse y siento pena por él, en el fondo le he estafado, debajo de la camisa llevo colgada una billetera de tela con unos cuantos cientos de pesos, mi presupuesto para el viaje.
6
A mitad de la plaza sufrí una terrible punzada en el pecho, inconsolable e ilocalizable cerca del corazón. Dolía tanto que mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Doblé el cuerpo para recuperar el resuello y mitigar el dolor pero éste persistía en el mismo modo. Imaginé que si alguien me viera desde alguna de las ventanas me encontraría ridículo en esa postura así que me incorporé y anduve dos tres pasos hasta conseguir sentarme en un banco. No intervenía ningún sonido ni se movían las hojas de los árboles, los edificios de viviendas permanecían inmóviles, definidos y carentes de cualquier agitación. Por un momento… las piedras, la arena de la plaza, las baldosas, los troncos de los árboles, los balcones, la oscuridad y la noche existían fuera de mi percepción, independientes de mi mirada, la mirada que hasta entonces los había hecho posibles. Solo se pertenecían a sí mismos, como cosas-en-sí, como el propio dolor, manifiesto, único, común y quizá… imaginario.
7
FASTEN SEAT BELT WHILE SEATED
Todo se hace con cuidado dentro de un avión. Los auxiliares de vuelo ofrecen bebidas a los pasajeros y conversan entre ellos en voz baja. Sonríen cándidos, como si trataran con niños o ancianos. Esa atmósfera de fragilidad y cautela contagia a la mayor parte de los pasajeros que optan por dormir, tal vez ensimismarse, y los que disfrutan de un camarada susurrar el diálogo. La verdad es que no me entusiasma para nada este viaje, ni conocer otra nueva ciudad, ni acumular en la memoria turística la anécdota del futuro, ni el deambular desolado por los museos…
Pero la compañía de Vero lo cambia todo, podría pasarme los diez días encerrado en un café o en una librería… en el fondo el viaje solo nos ha servido de excusa.
8
Al parecer siempre que se emprende un viaje, en tanto pueda considerársele como tal, se termina por arrastrar sueño y cansancio desde el primer día. En el tren que nos lleva de camino a Ronda no he podido resistirme a dormitar un rato pese a la incomodidad de los asientos, como si el vaivén del vagón me instigara a recorrer el paisaje de ojos para adentro.
El periódico anunciaba tormentas y cielo cubierto para esta tarde pero de momento luce un sol esplendoroso y con él las laderas de la sierra, cada olivo y cada terrón de tierra, la espiga seca, la casa encalada, todo refulge en forma admirable, con un tono dorado mate.
Lleva siglos depurar en un solo acto la belleza que proyecta el hombre, y uno lleva todos esos siglos tras de sí y sin embargo se ve impotente a su modo de expresar la propia que tiene delante.
9
Durante la proyección no me atreví a girar la cabeza, se veía nerviosa y simulaba aburrirse. A ratos apoyaba la nuca contra el respaldo de la butaca, enderezando severamente la espalda lo que obligaba a forzar el ángulo de flexión de los músculos del cuello, exhibía un aspecto extraño, como si en aquellos momentos hubiera quedado tetrapléjica. Antes de que apagaran las luces pude mirarle a la cara, llevaba media melena en un corte provisto de un toque anticuado, al igual que la miscelánea de sus ropas. Si le inquietó que me sentara a su lado no demostró más que indiferencia, apagó el móvil y extrajo de un bolso mínimo lo que podría ser un diario, hizo un escueto apunte y volvió a guardarlo. Fantaseé con entablar una charla después de que terminara la proyección pero al iluminarse de nuevo la sala parecía ansiosa por marcharse. Desplegué mi anorak que tenía comprimido sobre las rodillas al tiempo que ella se levantaba, se había arrugado demasiado y aquello por alguna razón que se me escapa me avergonzó lo suficiente como para no volver a mirarla. Desfilé al unísono con otros centenares de pies hacia la salida. Ya fuera entretuve el camino de regreso todo lo que pude, consulté la programación de la semana siguiente y miré la hora un par de veces con el pretexto de eternizarme en la puerta por si todavía no hubiera salido, me reconociera y se dirigiera hasta mi a través de la multitud. Luego caminé en dirección contraria a mi hogar con la esperanza de acertar su itinerario.
La calle apenas la ocupaban algunos transeúntes, la ciudad alentaba la calma de la noche y se podía escuchar al detalle cada estertor, cada estímulo… ecos de conversaciones extintas, el ronquido exasperado de los coches ante los semáforos, el extractor de humos en la cafetería de la esquina… pero no sus pasos, silenciosos, fantasmales… calle tras calle. Comprobé espeluznado que a pesar de cambiar de dirección aleatoriamente continuaba mi mismo recorrido, siguiéndome a escasos metros. Por supuesto albergaba inconsciente la dominante exigencia de relacionar a mi perseguidor con la muchacha que había monopolizado desde hace cuatro horas mis pensamientos, pero en aquel momento era incapaz de reaccionar al respecto, aun convencido de la coincidencia, solo podía contemplar el hecho de ser perseguido. Mantuve el ritmo de mis pasos y adopté un aplomo menos convincente de lo recomendable mientras agachaba la cabeza fingiendo caminar sumido en mis cavilaciones, prestando atención exageradamente a los ruidos más intrascendentes con la esperanza que en uno de los giros pudiera atisbar por el rabillo del ojo a mi perseguidor. Hubiera resultado tan sencillo dar la vuelta y detenerse a esperar que llegara a mi altura… Pero no me atreví.
10
“Muchas veces somos incapaces de un genuino encuentro porque sólo reconocemos a los otros en la medida que definen nuestro ser y nuestro modo de sentir, o que nos son propicios a nuestros proyectos”
Estoy leyendo este libro de Sabato y me acuerdo de Aitana, no la he llamado después de lo ocurrido, hace tres semanas, quizá más. Cuando Aitana se enfada no monta una escena, no grita, no discute, no trata de convencerte que estás equivocado, sólo se calla, se encierra en su caparazón y no dice una palabra. A otras personas no les gusta el silencio, yo lo adoro, la adoraría por ello pero todavía no estoy preparado para darme cuenta. Tan solo contraataco con mi silencio, mi silencio es mejor que el suyo, soy el campeón de silencios más prometedor desde Apolonio de Tiana, ella lo sabe y me odia aún más por eso. Entonces comienza lo más divertido. Se levanta, se concentra, frunce el ceño y lo suelta… Me lanza un Kame-Hame-Ha, uno sacado directamente de una página de Dragon Ball, igualito, en blanco y negro, con sus líneas cinéticas y todo. Acepto el desafío e iniciamos nuestra particular batalla que se extenderá unos deliciosos minutos, inmaduros y ridículos minutos pero que yo adoro, y la adoraría por ello pero todavía no estoy preparado para darme cuenta.
11
Aitana está sentada en el suelo abrazándose las rodillas. Nos miramos sin decir nada durante un rato, queriéndonos decir todo lo que nos hemos callado… pero no nos sale, solo nos miramos, ella sentada en el suelo y yo de pie junto a la puerta. Estamos esperando que alguno que no sea nosotros dé el primer paso, el primer Kame-Hame-Ha que rompa con la gravedad de nuestros semblantes, que nos devuelva al principio del juego… pero nadie lo va a hacer por nosotros. Nosotros tampoco. No nos sale.
12
KAME
13
HAME
14
HA
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Acaricio el botón de llamada, espero a que la luz de la pantalla del teléfono se apague y le doy a cancelar. Repito esta operación una y otra vez. Cada nuevo intento me aleja un poco más de hacerlo, más me convence el miedo, el orgullo y la culpa, más se materializa el adiós…
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Ahora que estoy cayendo viene a mi mente el fragmento de un poema que se recita en una de las películas de Andrei Tarkovski. Recuerdo que cuando la vi salí bastante desconcertado, había prestado mucha atención y me irritaba el hecho de no haber conseguido asimilarla racionalmente. No obstante me era imposible asegurar que a pesar de no poder enunciarlo en palabras había sido incapaz de comprender nada…
“[…] La muerte no existe,
Inmortales somos todos.
No hay que temer a la muerte ni a los setenta años.
Solo hay realidad y luz,
No hay niebla ni muerte en el mundo este.
Soy de los que recogen las redes
Cuando viene en bandadas la inmortalidad.
Vivan en la casa y la casa existirá.
Llamaré a cualquiera de los siglos,
Entraré en el siglo y mi casa vivirá.
[…]”
Ahora podría condensarlo en una sola: Fe. El padre de Tarkovski hablaba de fe y luego el hijo a su mejor manera no hizo otra cosa. Pero no de fe religiosa o ideológica sino de fe interior, fe afectiva, la fe del individuo, esa fe en nosotros mismos que hemos perdido al tiempo que la trasladábamos en la tecnología y el conocimiento. Resulta gracioso que el atributo que mejor nos define y comunica con el/lo otro esté calificada (parte de ella) por nuestra moral como una manifestación de debilidad. La razón ha de dividir para comprender, el uno frente al otro, a lo uno que es beneficioso nombra como bien y a lo otro que es perjudicial nombra como mal, de la distinción obtiene una guía de conducta, tender al bien y apartarse del mal. En el sujeto emocional la alegría se incentiva, la tristeza se mutila. Más ambas son raíz de un mismo árbol, si cortas una parte en la otra redunda un daño. El equilibrio se rompe. No hay vuelta atrás. La herida no sangra pero tampoco cicatriza.
Tarkovski aborda el concepto de fe como vehículo de redención para el hombre moderno, una vez se ha apartado inexorablemente de sus orígenes y sin posibilidad de retorno la fe representa una vía indirecta para recuperar la integridad.
“Vivan en la casa y la casa existirá. /Llamaré a cualquiera de los siglos, /Entraré en el siglo y mi casa vivirá.”
sábado, 28 de marzo de 2009
Respirar y tragar saliva

Había sufrido una leve hemorragia nasal mientras dormía, cosas de la primavera, pero con lo bruto que soy continué durmiendo mientras confeccionaba en mi nariz superdotada pompas divinas con leucocitos, eritrocitos y demás familia. Claro que yo esto no lo sabía, me di cuenta después, así que consideré seriamente sufrir una verdadera enfermedad terminal, una verdaderamente poética: tuberculosis. Puestos a elegir mejor te metan en el saco de Keats y Novalis que en el de Pavarotti.
No soy nada hipocondriaco pero me gusta tener de vez en cuando un cuadro clínico convincente para pensar en la muerte. En mi juventud era uno de mis pasatiempos preferidos, lo hacía sesuda, constantemente, hasta me compraba libros sobre el tema, recuerdo uno en especial, se lo recomiendo: “El hombre y la muerte” de Edgar Morin, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, y ni siquiera está muerto. Ahora no leo, llevo dos años sin tocar un libro ni por las tapas, miro la televisión que es más descansado y os aseguro que funciona igualito que con ellos. Uno de mis momentos favoritos para ese tipo de reflexiones trasnochadas es la sesión de sobremesa televisiva, franja horaria de inhóspito encanto, documentales, realitys temáticos, magazines sensacionalistas, teleseries acné, reporteros indómitos, Las Chicas Gilmore... oh, oh, oh, Las Chicas Gilmore me encantan, las adoro. No se lo digan a nadie, no está muy bien visto, cuando pasa mi compañero de piso por el salón cambio de canal para que no se asuste, comprendo que puede encerrar un principio potencial de homosexualidad. ¿Saben? Rory ya está en la universidad y hace un par de capítulos se emborrachó por primera vez, ¡qué cosas! Jo, es tan linda que ni me doy cuenta que estoy vertiendo la mayor de las veces sobre mi camiseta el cuarenta y cinco por ciento de la merienda. Pero cuando sale la Lorelai ya me puedo dedicar a lo mío, la muerte, el paradigma de la complejidad o lavadoras de ropa blanca y ropa de color. En las Chicas Gilmore no pasa nada, te puedes echar la siesta tranquilo de saber que al despertar podrás agarrar el hilo argumental sin problemas, podrías dormir cuarenta días seguidos hasta que un brillante latigazo de diálogo te despierte y nunca experimentarás la sensación de que te has perdido algo importante, no se lo van a creer señores pero eso es un logro, un logro de cojones, cada personaje está tan bien escrito que se hace difícil pensar en ellos como actores. Yo valoro estas cosas, valoro que permita hacer dos cosas a la vez, respirar y tragar saliva.
Lo malo de la televisión es que edulcora semánticamente ese tipo de pensamientos de los que hablaba, la muerte ha pasado de la No-Existencia, la Nada, la Aniquilación a un simple estado de ánimo, un no man’s lands de la tristeza, una tristeza igual que me ha estado persiguiendo estos últimos meses con mayor encono de lo habitual... No, no me tengan lástima, ni digan pobrecito, de pobrecito nada, a mi me gusta, soy así de raro, de hecho de eso quería hablarles pero me he ido por las ramas. Quería hablarles de los discos que me gustaría escuchar cuando esté muerto y enterrado, de los discos del no man´s land, pero lo haré otro día, mi nivel de melancolía en este instante es pésimo, he traicionado a los chicos, los David Sylvian, Tim Buckley, Scott Walker, Kurt Wagner, Mercury Rev, Tindersticks... Hoy he salido a la calle y me he enchufado el último de Franz Ferdinad, lo peor es que me he puesto a cantarlo en mitad de un Sol abarrotado de gente, pum, pum, y tocaba la guitarra, yeah, y después del curro los hermanos Followill, compulsivamente, closer, crawl, sex on fire una y otra vez, tres greatests para poner las cartas encima de la mesa, cada vez me gustan más estos chicos, han madurado, olvidándose de los característicos riffs del rock facilón, da tanto gusto reventarte los tímpanos con ellos mientras levitas imperceptiblemente por el aire sucio de Madrid, como otrora pasaba con The Verve, caminas más ligero, más listo, más guapo que los demás, y ellos deberían odiarte, pero todavía no lo saben.
Soy un poco feliz, sí, incluso a mi pesar, no tengo tuberculosis, tengo una vida de mierda, pero ya es más de lo que muchos tienen.
Acabo de terminar el abocetado del comic que a Pato y mí nos va a hacer ricos y famosos, aunque ella no se lo crea a finales de julio tendremos una calle con nuestros nombres, el suyo en Cangas y el mío en alguna urbanización fantasma de El Pocero. Hostia puta, llevaba años sin dibujar en serio, y no lo hago mal del todo, en el fondo creo que como casi todo en mi vida entre menos practico mejor me sale... piénsenlo un rato.
Al final puede que lo descubra, tal vez no sea un completo inútil y sirva para algo, quizá consiga hacer dos cosas a la vez... vivir y tragar saliva.
jueves, 12 de febrero de 2009
Sí, sí, "A lo Rosales" se lo merecía
“Queridos miembros del jurado, respetable público…mamá, papá… qué me estaréis viendo en este momento y preguntándoos cosas… solo decir que…”
No, no y no, a ver este:
“Excelentísimos señores del jurado y señoras, novias de cortometrajistas famosos, azafatas, camareras, mujeres periodistas, género femenino desde los dieciocho años en adelante… el tesón y esfuerzo que ha hecho esto posible…”
Nada, qué mierda, a ver este otro:
“¡Toma, toma!"
No se alteren, no le sucede nada a su televisor, soy yo preparándome el discurso de agradecimiento cuando recoja el premio a la mejor película de ficción en la categoría de multipantalla. Estoy muy nervioso así que no me juzguen todavía, ustedes no saben nada de mi vida, ni cuantas penurias he tenido que soportar ni cuantas poll… para llegar hasta aquí, es un premio que merezco, déjenme que lo disfrute. Desde aquel día que me confundieron con un jugador profesional de parchís y me hicieron una entrevista en radio nacional no me sentía tan bien.
Sí, sí, A lo Rosales se lo merecía.
Ya sea por su puesta en escena, ya sea por el maquillaje, ya sea por tocar los cojones A lo Rosales está en la final, ra, ra, ra!
Sí, por fin, después de tantos y tantos años podré mirar la cara de mis padres y decirles que no se equivocaron, que justo antes de tantos y tantos años tomaron la decisión correcta, que no fue tan catastrófico haber planeado ahorrarse unas pesetas en profilácticos…
Sí, por fin no tendré que dejar en blanco el odioso apartado de formación complementaria en mi currículum…
Sí, por fin podré mandar ese liberador sms de una sola palabra a aquella chica que nunca me cogió el teléfono…
Sí, por fin, en general.
Uy, ya me veo, con la crème de la crème del audiovisual español, a lo Peter Griffin, todo el rato, tirándole del bigote a Nacho Vigalondo, todo el rato, torpedeando al Joaquín Reyes con el “ahí va que chorrazo!”, todo el rato, haciéndome pasar por el hermano secreto de los Fesser, todo el rato, acercándome a Jaime y soltarle “el final no te lo vas a creer”, todo el rato… aaah! Cómo tienen que estar envidiándome, verdad?
...
miércoles, 28 de enero de 2009
"A lo Rosales" te cambiará la vida

Supercrisis y El Amigo de Ted dan una nueva vuelta de tortilla al lenguaje cinematográfico, elevan el recurso de la polivisión a sus más altas cotas de expresión artística, utilizando la multipantalla ya no solo como contrapunto dramático sino también como un elemento más del discurso narrativo, sin lugar a dudas una apuesta arriesgada y una concepción estética diferente que hacen de “A lo Rosales” la sorpresa indiscutible del año, una bocanada de aire fresco en el anquilosado horizonte del cine nacional.
Una vez más nos encontramos ante una puesta en escena impecable, un manejo narrativo excelente, una fotografía envidiable y sin duda uno de los mejores papeles de Brad Pitt… quiero decir, yo… no, quiero decir, el actor, que bueno es, coño! duelo en alta sierra entre los que serán el Al Pacino y el De Niro del futuro.
A pesar de durar casi dos minutos la historia es tan prolija que no se hace pesada en ningún momento exceptuando los primeros noventa segundos… quiero decir, tiene momentos muy divertidos y un guión que aun repleto de ese tipo diálogos que a casi nadie agradan en este film sí caben a la perfección.
Sin duda nos encontramos ante material para los Goya, o los Bafta, o Cannes, o lo que sea, fotografía bellísima, actuaciones maravillosas, ambientación, música, maquillaje, en definitiva: una obra maestra, que me atrevería a decir puede ser considerada “El Acorazado Potemkin" de nuestra época.
Ellos ya la han visto:
“Abel Gance estaría orgulloso de ellos” -Fotogramas
“Dignifican la profesión de los cómicos españoles” – Javier Bardem
“Por fin se ha superado el landismo en el cine español” – Carlos Boyero
“Conmovedor homenaje a Pedro Almodovar” – Cahiers Du Cinema
“Mi favorito a los oscars este año” – María Patiño
“Mi favorito a los Grammy Latino este año” – Stevie Wonder
Ahora es tu turno:
http://www.notodofilmfest.com/index.php?corto=17292
sábado, 13 de diciembre de 2008
Silvina Magari Vs. "Iván Ferreiro" & "Enrique Bunbury"

Hacía tiempo que no iba a ver a Silvina en concierto, tal vez desde el año pasado por estas fechas, también en su cumpleaños; demasiado tiempo, porque no recordaba cuán divertidos suelen ser. Y este último lo fue, mejor dicho, a lo Magari: divertido no, lo siguiente. Sus conciertos deberían estar prescritos por nuestros médicos de cabecera como vacuna general contra el aburrimiento.
Quería dedicar este post a recalcar la necesidad que tiene la música española de talentos diferentes y personales como Silvina, pero no me va a salir, la quiero demasiado, y enseguida me lo van a notar, creerán que soy un fanático, y que mi opinión carece de validez. Lo reconozco, soy fan de Silvina, incluso antes de verla subida a un escenario, antes de escuchar cualquiera de sus canciones… Ustedes no lo saben pero si la gente se paseara con un libro de suscriptores debajo del brazo yo sin dudar habría firmado en el de ella antes de pestañear dos veces. La conocí en un bar, o bueno, una pequeña sala de conciertos, dónde yo trabajaba como camarero. La única sala en Madrid que tiene música en directo los trescientos sesenta y cinco días del año, desde las diez de la noche a las cuatro, espectacular, no les parece? Pues no, sobre todo si llevas trabajando allí seis meses consecutivos, escuchando a los mismos “cansautores” de siempre, sin la posibilidad de insertar un miserable Cd en el reproductor para aislarte con tu propia música. Aunque ya por aquel entonces había desarrollado la increíble capacidad de presionar un imaginario mute de ambiente deseaba desde el ventrículo izquierdo al ventrículo derecho que emergiera un bendito psycho killer por la puerta y se liara a balazos con los músicos. Probabilidad difícil si se vive fuera de Estados Unidos, por lo que me conformaba con dibujar en las hojitas amarillas del comandero; en estas me hallaba cuando a las tres de la madrugada aparece Silvina que había perdido las llaves de su casa y buscaba un refugio hasta que llegara su compañera de piso. Nada más entrar comenzó a romper sistemáticamente cada una de las normas que rigen antros como aquel y que se han transmitido de generación en generación:
1 – Pedir un té a las tres de la mañana en un bar donde ni siquiera hay cafetera.
3 – Buscar el rincón más oscuro de la sala enfrente del escenario y sacar un libro.
4 – Leer imperturbablemente La Nausea mientras el atónito cantautor de turno se desgañita.
La sangre ya está limpia…

martes, 2 de diciembre de 2008
El fin de la civilización occidental
He salido a la calle, pero en la calle hace un frío de tres pares de cojones, inaguantable, vamos; con mp3 sería otra cosa, cantando sleeping lessons de The Shins, blister in the sun de Violent Femmes… ya puede quemarse el Fnac de Callao o que Natalie Imbruglia quiera contratarme como best ugly boyfriend… Pero no tengo mp3, se me ha jodido y sin música en las orejas uno se da cuenta que hace frío, y que el frío no mejora el dolor de cabeza. De los cuatro pilares tecnológicos de la civilización moderna es el tercero que me falla este año, sólo me falta que se agoten las pilas del mando a distancia y estaré más que listo, un año enterito para tachar del calendario. Imagínense!, en estas fechas tan señaladas, tan mágicas, donde las presentadoras del telediario se convierten en cheerleaders, con los especiales de Whoopi Goldberg y Frank Capra a punto de caramelo y el estreno mundial del anuncio de freixenet…
Uggg! No podría soportarlo, además no quiero perderme estas navidades, podrían ser las últimas tal y como las conocemos. Sí, sí, no se lo tomen a guasa, no es otro mensaje apocalíptico de final de año, la otra noche se me apareció Michael Jackson en sueños y me reveló que de aquí a siete meses todo se iba a tomar por el culo. Bien, Michael -le repliqué yo- lo dices por la crisis. Pues mira que pienso yo que es una artería de los bancos para sacarle dinero a los estados, es decir, a los ciudadanos, y por partida doble, ya no les bastaba con las hipotecas que ahora se vienen con los impuestos. No sé si será la crisis la que acabará con nosotros pero es mirar el telediario y echarse a temblar, catástrofes por todos los lados, los aeropuertos de Tailandia convertidos en improvisados campos de batalla, niños explotados en las minas de Tanzania para extraer las piedras preciosas que adornarán las elásticas epidermis de las favorecidas señoras del régimen económico, más de un centenar de muertos en los atentados terroristas de Bombay y el heroico carácter de Esperanza Aguirre que le permite salir de ellos sin un rasguño…
Por si esto fuera poco Obama confirma como secretaria de estado a Hillary Clinton, otro nombramiento de suma y sigue que le aleja de la esperanza y del frescor político que supo despertar en la campaña electoral por la presidencia para, notoriamente, equiparar la suya con la otrora administración Clinton, que, bueno, nos caía simpático el presi, que tocara el saxo, que se empeñara en la repartición democrática de su simiente, pero tampoco hay olvidar las yanquinadas en política exterior que se cometieron bajo su mandato en Somalia, Kosovo, etc. Obama es yanqui, da igual que sea negro, podría ser chino y pobre, desdichadamente continuará la tradicional y desastrosa cadena de decisiones internacionales venenosas para asegurar a Estados Unidos el cetro del imperio frente a las potencias emergentes de esclavos económicamente competitivos, véase China e India. La anunciada retirada de las tropas de Irak en dieciséis meses no hará otra cosa que incrementar el nivel de violencia entre shiítas y sunnitas al grado de guerra civil y el refuerzo del contingente militar en la frontera de Afganistán no ayudará a estabilizar un país sumido en el caos y todavía sometido a la mafia talibán, y, dios no lo quiera, tan cerca de Pakistán, un país amigo entre comillas, islámico y cuna de gran parte de las células terroristas, y, dios no lo quiera, con verdadero potencial nuclear. Chicas y chicos, desconfíen de los tíos carismáticos.
Aunque yo no estaba aquí para esto, me he enrollado, lo siento, lo único que me importaba era hablar de mi tragedia personal, mojarles un poco la lectura de las nueve de la mañana, dar penita, quiero decir. Pues sí, se me ha jodido el mp3. Hace una semana y sobreviviendo. No es tan fácil como creen, a ratos es duro, sin las orejas tapadas uno puede sentir sus propios pasos como patadas en el estomago, duele pero no mata. A modo de homenaje me gustaría hablar de los únicos discos que han subsistido en mi mp3 desde que me lo regalaron hasta ahora, contando con que soy un consumidor compulsivo, que mi vida es más bien triste y sumando las pírricas dos gigas de capacidad del finado, estos tres discos bien merecen una reseña.
Debo considerarme un fan de Wilco, de Jeff Tweedy y de las lentejas de su abuela. Me sería imposible elegir el mejor disco de Wilco, creo que cinco de sus siete lo son. A Ghost Is Born de esos cinco tal vez sea el más irregular y pretencioso pero tiene un buen porcentaje de mis canciones favoritas. Me encanta “Company in my Back”, exquisita melódicamente, “The Late Greats”, un single en el final de un disco, y qué decir de “At The Least That´s What You Said”, os cuento un secreto, algunas noches después de emborracharme como un descerebrado y agotar mi caudal infinito de chascarrillos de mal gusto regreso a mi casa cantando esta canción con las manos en los bolsillos y tiritando de infelicidad.
Neil Young es un tipo curioso, humilde, apasionado, comprometido, poco que ver con una estrella del rock, pero el colega lo es, tal vez la más grande, y sin duda la mayor influencia en cualquier grupo con cierto peso eléctrico en guitarras. Este disco es una maravilla, una puta obra maestra de principio a fin. Monumentales tracks como “Down By The River” o “Cowgirl In The Sand”, extraordinarias como “Cinnamon Girl”, absolutamente conmovedoras como “Running Dry”. En 2005 le diagnosticaron un aneurisma cerebral pero lejos de sentarse a esperar que le reviente el coco y después de haberlo dicho todo en la música es capaz de encerrarse en el estudio y continuar grabando discos, uno el año pasado, Chrome Dreams II, equilibrado, espectacular, con rabiosas canciones de más de quince minutos. Hace unos meses llegando de madrugada a casa enciendo la tele y en la 2 le veo a sus sesenta y dos castañas rompiendo las cuerdas de su guitarra después de un solo brutal e interminable.
Robi Draco Rosa – Vagabundo

... Blanca mujer
Si Neil Young es curioso, Robi cuando menos es peculiar. Poca gente le conoce, a no ser que seas puertorriqueño o vivas en los alrededores. Pero es un genio y en su país un ídolo. No ha extendido sus alas mucho más allá de su nido, de momento no le ha interesado promocionarse en España. Es Estados Unidos intentó abrirse camino con un ambicioso álbum: Mad Love, hermanado en algunos aspectos musicalmente con Lenny Kravitz, tuvo su repercusión. Vagabundo es considerado por muchos uno de los mejores discos de rock compuestos en lengua española. Después de Frío, (también notable) se deshizo de su imagen de estrella latina y asumió una propia, oscura, descuidada, provocativa. El sonido en este disco varía de extremo a extremo, desde la melódica “Penelope” hasta lo tétrico en “Llanto subterráneo” (sobre un poema de Jaime Sabines), pasando por la espeluznante “Blanca Mujer”. Muy pocos saben que ha sido compositor de hits de su colega Ricky Martin como “Livin’ La Vida Loca” o “María” y con el que compartió grupo infantil, a lo Parchís latino.
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