miércoles, 29 de octubre de 2008

En dos palabras: Vetusta Morla

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Mierda, es en estos momentos cuando desearía tener un trabajo normal, uno de esos de oficinas con un montón de mesas con un montón de gente bebiendo café y chequeando sus e-mails a hurtadillas antes de ponerse a currar en serie. Iría mesa por mesa preguntado: ¿Sabes quiénes son Vetusta Morla? No? Pues son la hostia, tío! Ayer tocaron en La Riviera, joder! Y yo estaba allí. Y David, y Ángeles, y Rosario, y estas otras chicas tan patriotas…




Bueno, las de la izquierda no vinieron, se refugiaban tan sólo de la lluvia en un bar, como nosotros, aunque tenían la pinta de ser fans, y diablos! era mi foto simpática de la noche. Luego hice bastantes mas pero con una cámara que no era mía así que olvidaos de fotitos ilustrativas de lo bien que lo pasamos, nos las tengo, fiaros de mí, lo pasamos en grande y no gracias a “teloneros” infiltrados como The Blows (¿????) una panda de niñatos con flequillos horteras que se habrán escuchado un par de discos de Franz Ferdinand y otros tantos de Bloc Party y se decidieron a comprar unas guitarras para dejar de pajearse en casa. No gracias al técnico de sonido de la sala, que aún ocupados en pedirnos la primera copa ya me ocupaba yo de maldecir y de cagarme en su puta madre. No gracias a La Habitación Roja, unos señores que llevan en esto de la música más de doce años, más de seis discos a sus espaldas, y vete a saber cuántos gin tonics. Yo nunca fui un fan pero reconozco que tengo tres álbumes suyos, que me aprendí un tema para la ocasión, y que si tuviera que regalar un disco muy poppy a una chica muy mona para hacerme el chico sensible pero no muy sensible sería el “Cuando ya no quede nada”. Lo malo es que equivocaron conceptos, dieron mucha tralla a las guitarras, Jorge Martí no estaba borracho, y por supuesto porque no tuvieron huevos a bajarse del escenario para partirle la cara al maldito técnico de sonido que les estaba jodiendo a base de bien. Sonaba tan feo que la mitad del público daba por hecho que como mínimo cantaban en inglés. Claro, que también, a estas alturas ya nadie puede tocar en Madrid después de que lo haga Vetusta Morla. No, porque estos tíos han nacido para petarlo, bueno, no de fácil como de la sartén al plato, que les ha costado pero sí más o menos a partir de ahora. Desde febrero de este año que editaron disco en toda regla no han cesado de agigantarse dentro del rock alternativo de este país, que no es mucho pero lo hay bueno. No sé si ya se escucha en los 40 Principales o en cualquier otra emisora que no sea Radio 3, lo que sí sé es que a éstos les funciona el boca a boca, el colega del colega que le ha dicho a tu amiga, coño! Estos tíos molan. Tú tomas nota y como no tienes nada mejor que hacer les haces una visita en el myspace, escuchas un par de temas y te bajas el disco, y el disco mola, mola mogollón, del uno al doce, doce jodidos tracks, de los cuales seis son cojonudos, y los otros seis son cojonudos también. No hay más opción que convertirse en fan, yo lo soy, fan de los buenos, de los que se pegan por las púas que arrojan los guitarristas una vez termina el concierto. Nunca había asistido a uno con cada una de las canciones aprendidas hasta las comas, nunca las había cantado hasta quedarme afónico, nunca… Parezco una jovencita entusiasmada, cierto? Y las había, a rebosar, y de jovencitos, reventando sala para ver en directo a lo que ya sin lugar a dudas es el grupo revelación del año, el mejor disco nacional del año, y uno de los mejores debuts en la música española desde hace tiempo.


Qué más puedo decir, escuchen… y luego canten…


Pintar otra vez esta habitación, ooo, ooooon
no me convence para nada este colooor.
Votar si el botón es una buena opción,
votaaaar si hoy hacemos el amoooooooor!!!!!!!!


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domingo, 19 de octubre de 2008

Descripción de vuelo


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Flying Saucer Attack - Come and Close My Eyes
Antes, en los árboles, cientos de estrellas de agua, en cada hoja, sin llegar a tocarse, como incorpóreos granos de azúcar brillando a cuatro centímetros de las pupilas, antes, de estallar en una informe y mayor fracción de lo mismo, antes, de que la suma de sus yoes les confiriera peso y fueran devueltas a la tierra…

A cuarenta metros del suelo la lluvia siempre es una mala noticia, empapa las ropas y el cabello, el agua se va filtrando lentamente a través de la piel hasta el hueso, alojándose en los espacios vacios de la carne para al cabo reintegrar la gravedad a sus miembros…

Tiemblas, te gustaría no haberte alejado tanto, ahora puede que necesites caminar una o dos horas hasta el cuarto de baño, no estás seguro, encajas las manos en los bolsillos y tratas de fijar en tu memoria todo lo que has visto esa noche a cuarenta metros del suelo…

Con siete años nada tiene demasiada importancia, nada si de verdad no la tiene, por eso no insistes demasiado cuando por pura diversión has flexionado las piernas hasta que has podido sujetarte las rodillas con los brazos y te has deslizado por el aire alrededor de tres segundos. Es un juego, y como en casi todos tus juegos los adultos prestan poca atención. Por eso no vas a ir corriendo detrás de tu madre enrojecido de entusiasmo a explicarle como has podido deslizarte a medio metro del suelo. Corres pero para cogerle la mano, ella habla con una señora gorda que no has visto antes, cuando aprietas sus dedos deja de hablar y entráis en el mercado de San Fernando, hacéis el recorrido habitual, no te gusta como huele el mercado, sobre todo la carnicería dónde tu madre te abandona guardando cola, no lo entiendes, porque no tienes ni idea de lo que quiere comprar, no tienes dinero, eres muy pequeño y los demás te miran como si no estuvieras allí, odias eso, odias guardar cola, algún día tu madre llegará demasiado tarde, piensas, me tocará el turno de pedir y no sabré que hacer, creerán que soy idiota, te gustaría poder escapar…

Descubres que es relativamente sencillo, no siempre lo consigues pero casi siempre que lo intentas eres capaz de saltar sin impulsarte y mantener luego en un vientre aéreo los pies despegados del suelo; pero lo que no puedes es ascender por ti mismo más allá del medio metro original, deberías subir a algún lugar elevado y probar desde allí. La ventana de tu casa es el lugar más elevado que conoces, miras hacia abajo subido a una silla y te entra el miedo, está demasiado alto. Pero no hay ningún sentido en tener un nuevo juego y no jugar hasta cansarse de él, es tú lógica infantil; tal vez esta noche no, pero en las siguientes sabrás cómo encaramarte al alfeizar de tu ventana y cómo dejarte caer hacia abajo…


Cuanto mayor sea la altura mayor será la duración del vuelo, eso lo asimilaste bastante rápido. Al principio te precipitabas casi de inmediato, sin apenas trasladarte, pero con los años has aprendido a utilizar las corrientes de aire para prolongar los deslizamientos, has aprendido que basta una ligera inclinación del cuerpo hacia la izquierda para ir a la izquierda y que una pequeña inclinación hacia la derecha te lleva al lado opuesto. Que puedes endurecerte y caer a voluntad o sustentarte en un punto como si aguantaras la respiración. Y aprenderás todavía muchas más.

Te encanta hacerlo, miras hacia los lados comprobando que nadie pueda sorprenderte, después de pasear durante horas, antes de que amanezca, y subes, sin más. Fue lo último que aprendiste, a elevarte sin más, desde los adoquines hasta no demasiado arriba para poder mirar por las ventanas e intuir sus sueños, para contarlos todos, del cien al millón cada uno, y luego sonreír cómplice de ti mismo y decir: ¡Menudo desperdicio!

Mucho más tarde conociste a otros, otros que te aseguraron que podían hacer lo mismo que tú, pero tú jamás viste a ninguno de ellos cuando estabas allí arriba, por eso dudabas de ellos, tanto como ellos dudaban de ti, imaginas. Pero ahora ya no importa, como las cosas que de verdad ya no importan, ahora eres tú el que de verdad no puede hacerlo, has olvidado cómo, y si ellos pudieran, realmente para ti, ya poco importa.

martes, 30 de septiembre de 2008

El síndrome de las mejores cosas del mundo

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No sé en qué momento prometí a Lore que cuando nos visitara la llevaría a cien lugares distintos en Madrid que merecen la pena, tampoco sé si he cumplido mi promesa, no lo creo, porque aún valiendo por cinco alguno de los que exploramos he de reconocer que excepto la filmoteca el resto fueron bares.

Bares míticos, dónde los chicos piden por favor el beso de las chicas, bares dónde no cabe un alma, dónde puedes estrenarte como cliente del mes, bares disfrazados de restaurante hindú, bares clandestinos, bares clandestinos en sótanos con banda de jazz, sótanos legales con banda de blues, clásicos con enemigos íntimos, bares dónde bailar “Ni tú ni nadie” y bares para cantar “Pero a tu lado”, bares para el postureo, bares de intelectuales, bares dónde te regalan rosas, bares que abren hasta el amanecer, bares para olvidar…



Si alguien me obligara a elegir de entre todos en esta semana el mejor momento tendría que apuntarme con una pistola para convencerme porque de otro modo no sería capaz de decidirme por uno solo.





Elegiría el domingo de cumpleaños en casa de David. La fiesta sorpresa menos sorpresa del mundo, con la invitada de honor en la puerta, los globos sin inflar y yo todavía enrollando sushi. Pero, coño! Fue un éxito, la manduca resultó comestible, Silvina nos obsequió con un concierto privado, el albariño corría como en casa de un percebeiro, y disponíamos de una botella de autentico vodka polaco con un ligero sabor a canela, ¿qué más se puede pedir? Soplar las velas sobre un tiramisú, buena conversación hasta altas horas de la madrugada, salir a la calle borracho, que llueva, saltar en los charcos, empaparse sentado en lo alto de quince sillas apiladas…





Elegiría la noche temática, la noche de los disfraces, la noche en la que pensé que si nos vestíamos como la mafia calabresa todo sería más divertido y en la que al final conseguí reunir de un mismo golpe a una azafata de iberia, un enterrador y una bailarina de charlestón. Fue la noche de los tacones, de los conciertos interruptus, de los bares sumergidos en el pasado, de los años ochenta y del garrafón a siete pavos…

Elegiría el martes de jam sesión en locales sin luz eléctrica, de vermuts sin hielo en las terrazas de Argumosa, de jóvenes sin excesiva preocupación por la higiene capilar o greñudos, los bares de cantautores sin cantautor para bailar mejor merengue…

Elegiría no tener que despedirme en los aeropuertos, ni en las estaciones de autobuses, ni en las puertas de los taxis…






Si alguien de verdad me apuntara con una pistola elegiría que Lore tuviera vacaciones una vez por mes, aunque en ese caso el de la pistola sería yo, apuntando a la cabeza de su jefe, claro.

Como diría ese ínclito pozo de sabiduría que es Raffaella Carrá: después de muchas experiencia he llegado a la conclusión que las mejores cosas del mundo no se encuentran realmente en ningún lugar sino que son las mejores personas del mundo las que hacen de estos lugares los mejores del mundo.

Imaginaros, si decidierais mudaros vosotras aquí podríamos hacer de Madrid una de las mejores ciudades del mundo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Yo, que sigo siendo todavía mejor que los demás

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Boomp3.com
Que estuviera cantando esta canción no es extraño, que lo hiciera a grito pelado a las doce y media de la mañana mientras todo el mundo me miraba podría parecerlo a no ser que experimentara uno de esos estadios metafísicos de inusitado “optimismo” que atraviesa el alma humana de cuando en cuando, es decir, cuando se está borracho, y yo lo estaba, o al menos lo conservaba de la noche anterior.



En este tipo de mañanas es mejor fingir una gastroenteritis y no ir a trabajar porque aunque lo intentas por todos los medios no puedes evitar hacer gala de una facilidad de palabra fuera de lo normal. Después de comer se me había pasado ya el efecto y fui a dar un paseo. Compré el Rolling Stone de este mes y mi sexto coleccionable de cómo aprender a dibujar manga, no por fanatismo sino porque, y los que dibujan lo saben, dos plumillas, goma y tintero por un euro es todo un regalo.

Me leí de pe a pa el reportaje que le han dedicado a la Amy y pensé que si yo fuera un maldito me gustaría ser igual de maldito que Jeff Buckley, o tal vez mejor como Elliot Smith o bueno… Luego llamé a mi amiga Rosario que no me agarró el teléfono. Ustedes a Rosario no la conocen pero yo les digo que si ustedes pudieran diseñar a su gusto la perfecta compinche de parranda no podrían pensar en algo mejor de lo que es ella. Le debo muchas noches de risas y algún plato de macarrones a la amanecida.



Esa noche me metió en un taxi a la hora en la que el alcohol convierte mi carroza en una calabaza y dejo de ser un ocurrente payaso para convertirme en un vulgar borracho. El taxista me preguntó un par de veces donde quería que ir pero simulé no oírlo, cuando estaba a punto de parar y echarme le dije que me llevara a la farmacia de guardia más cercana. Le estaba tocando los huevos pero merecía la pena, le pedí que me esperara mientras compraba una caja de preservativos, saqué un par de ellos y me los metí en el bolsillo, al pagarle le dije que se podía quedar con el cambio y también con la caja de condones; imaginé que me sonreía con admiración y gratitud pero bien pudo darme una hostia.

En algún momento deberían sacarme una tarjeta amarilla.


(La canción es de Vetusta Morla, y sí, no son el Radiohead de Tres Cantos que a todos nos gustaría pero son algo más que carne de Radio 3, la sorpresa más grata en el panorama alternativo nacional desde que Standstill se pasara al castellano.)
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viernes, 5 de septiembre de 2008

Ayer No, pero Hoy Sí


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Hoy no pero ayer sí, después de quemar durante horas dioptrías frente a la pantalla del ordenador, después de enseñarle a hablar, a caminar, a mirar por sí mismo, después de lo que quieran que sean diez mil plugins, diez mil millones de codecs, diez millones de más millones de bytes después, después, en la última actualización de mi windows adolescente la cosa se jode y da error, error ox80080008 para más inri, y me cago en todo lo alto. Al menos pude reiniciarlo, hace dos semanas ni rezando; murió de un ataque al corazón, dónde sea que lo tengan estos cacharros. Entonces sí que me cagué en todo lo alto.

Me poseyó tal estado de inquietud que fui incapaz de pegar ojo en toda la noche, salí a la calle y caminé tanto como para que las tiendas de informática con servicio de reparación se dignaran a cumplir con su horario de apertura. Ustedes no lo entenderán pero esa cosa era como un hijo, un nenito al que ves crecer a lo largo de los meses, cuando se le cae el primer diente, en la fiesta de fin de curso, llegando tarde a casa… y de repente se muere. No sé, más en los tiempos que corren perder algo así es como detonar una tonelada de dinamita sobre el 65% de tu vida emocional. Santo Dios! Qué sería de mí hasta que el señor-chino-de-la-tienda-de-informática me llamara por teléfono para darme un diagnostico favorable a la resurrección! A que iba a dedicar mi vacío existencial mientras tanto! Sólo quedaban dos días de olimpiadas y tiempo apenas suficiente como para aprender a estimar las cualidades hipnóticas de la natación sincronizada, así que opté por algo más fácil: enamorarme de Almudena Cid, y luego: imaginar que me correspondía. Es una fullería estupenda, disfrutaba de una vida virtual consagrada a la felicidad hasta que decidió presentarme a sus virtuales padres… No pasé la prueba.

La tele tampoco ayudaba, ni la sexta, que ha retirado Navy de la programación de sobremesa, ni George Langelaan, ni toda la saga de los metabarones … sólo yo, conmigo mismo; y eso, señores, eso es duro. (Imagínense por un momento al cierre de las vacaciones, en pleno agosto, después de haberlo perdido todo en un 65%, sin la capacidad para concentrarse en un punto inmóvil por encima de sus cabezas a lo bunbury… )
Tal vez exagero, pero para mí supuso una de las experiencias más traumáticas de mi vida, eso y los suspensos de octavo, algo como si tuvieras una casa y se quemara, como si tuvieras una casa y a tu señora dentro de la casa y se quemara, como si tuvieras una casa y a tu señora dentro de la casa y a tu hijo dentro de tu señora con un futuro prometedor como tenista profesional. Sí, exagero, hay alternativas de vida más allá del portátil, y no quiero decir más allá con un vaso de martini en la mano sino más allá del martini… exagero otra vez.

Así que dos botellas más tarde me acerco por la tienda-de-informática-con-chino-que-me-dice-todo-arreglado-dice-muy-dificil-copiar-mucho-archivo-muchas-horas y yo digo que una mierda, lo único que ha hecho ha sido darle al botón de resetear, tengo al hijo de vuelta pero tonto, devuelto a la prehistoria, sin ninguno de todos esos adorables programitas que vas acumulando a lo largo del tiempo y que hacen de estos miserables cerebros de silicio los mejores amigos del hombre después del dinero, digo, de las mascotas.

Y que se le va a hacer! Llevar un ordenador a reparar es como llevar el coche al taller, no te enteras de nada de lo que dicen, al final hacen lo que quieren y te cobran lo que le sale de los huevos. Gracias a dios el chinito los tenía pequeños.

Estos últimos días he ido recuperando (descarga-instalación-descarga-instalación) la apariencia funcional de mi ordenador y casi lo tenía a punto cuando se ha vuelto a joder (un poquito esta vez). Ayer sí, pero hoy no, hoy me da igual, hoy no tengo ganas de arrojarlo por la ventana, me gusta verle como cojea, como resopla, apetece un rato de silencio tecnológico, Ayer No, pero Hoy Sí.

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jueves, 7 de agosto de 2008

Diez consejos útiles para sobrevivir a la bañera de María


Nada más bajarme del autobús supe que no iba a funcionar, esas pequeñas cosas que antes llenaban el espacio vacío mi vida como: abrir y cerrar repetidamente la puerta de la nevera, el tacto de los botones del mando a distancia, batir el record mundial de resistencia debajo de la ducha en apnea… habían dejado de tener sentido. Volver de las vacaciones siempre es algo duro pero cuando son las mejores vacaciones del mundo… no tiene nombre.




La bañera de María es un tanto peculiar, no es que sea pequeña, que lo es con avaricia, sino que está para colmo dividida por la mitad por un escalón inservible y la otra mitad combada como la superficie de un lavabo, por lo que mientras tratas de mantener los dos pies apoyados en las dimensiones de una palangana sin caerte, sujetas la cortina para no poner todo perdido y le agarras el truquillo al grifo del agua caliente al final olvidas cuando te incorporas que justo debajo de tu cabeza hay un armatoste de madera sosteniendo varios botes de champús… Entonces te golpeas, entonces pierdes el equilibrio, entonces te agarras a la cortina, entonces inundas el suelo, entonces pruebas a cerrar los grifos, entonces sólo puedes hacerlo con uno, entonces te abrasas, entonces tienes todavía un montón de jabón por todo el cuerpo y no te apetece intentarlo de nuevo. A partir de esta iniciática experiencia he elaborado un decálogo de normas que será la base de un futuro libro de autoayuda con el que pienso forrarme y del cuál os adelanto dos que resumen toda mi filosofía: Playa y Fiesta.

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De la playa puedo deciros mucho o poco; poco como que bastaron tres días para convertirme en un nudista convencido y mucho como para aprender a no meterme en el mar cuando las olas superan los dos metros largos de altura.
De la fiesta que todo comenzó y terminó con esta foto:



Si la ampliáis os daréis cuenta que las paredes de este bar lucen atestadas de fotografías de antiguos clientes pasándoselo en grande, nosotros disfrutando del mismo estado entusiasta y no queriendo ser menos planeamos imprimir la foto y enmarcarla para hacernos un hueco entre las personalidades que adornan El Imperial; donde no tengo muy claro si sirven los mejores pinchos del mundo pero seguro que es de los pocos en los que puedes emborracharte y cenar por el mismo precio.

Después del décimo albariño las chicas nos condujeron a uno de esos antros que te roban el corazón para el resto de tu vida: El Toni’s. Lo curioso es que al dueño se le conoce por “el Charly”, un señor muy majo con la camisa abierta y cadenaza de oro al que le puedes pedir una de Rafaella mientras te sirve garrafón del bueno.
En seguida arrinconamos a los demás contra la barra y nos hicimos con la pista de baile. Aquí estamos los chicos, dándolo todo.




Fue tan grande nuestro éxito que la gente enfervorecida nos aclamaba, se acercaban para pedirnos bises, autógrafos y nuestra ropa interior. Al irnos no quedó otra que saludar apasionadamente.



En fin, realmente no sé si fue para tanto, el alcohol ha dejado una laguna en esa franja de mi memoria. Cuando salimos irradiábamos tal euforia que faltaba media copa para alcanzar el cuarto grado de superación de un borracho, o dicho de otro modo: los cantos regionales.



Al regresar a casa de María convencí a Yoyis para ver Chuncking Express pero yo andaba tan perjudicado que era incapaz de leer los subtítulos hasta con la versión doblada.
No pasaron más de cinco horas que ya todos estábamos con pie y medio en la playa. Y a la tarde a bailar salsa en Castrelos, concierto gratuito (con un par los del Ayuntamiento) de la leyenda panameña Rubén Blades. Como el bailoteo cansa terminamos a las tantas en el Ecos, un restaurante que abre las veinticuatro horas del día, ¿Oyeron éso madrileños?! 24 horas.
María exhibió un par de trucos para subyugar la voluntad del camarero, que a la postre sería también el dueño. Primero con un:
“ Me has ofendido”
Para que le trajeran la carta de cliente vip, o sea, en inglés.
Y luego con un:
“Esta carne está poco hecha”
Para que repusieran la guarnición del plato que previamente se había comido.



El jueves más de lo mismo, más playa y más fiesta. Aquí los niños preparándose para ser malos tonight.




Este otro no necesita ser malo. Tiene poderes. Posta.




Me acuerdo que le pedí un martini rojo a la camarera y le dije, bueno, varios, bueno eso no le dije, antes me los había bebido, y le dije:
-¿Tienes novio?
-No – ella.
-Pues deberías tenerlo
(silencio dramático)
-Te voy a dar un número de teléfono.

Yoyis, si algún día te llama la camarera guapa de la terraza de la Plaza de la Constitución quiero una comisión del treinta por ciento. Aunque en aquel momento a Yoyis lo que menos le preocupaban eran las camareras, estaba bastante ocupado explorando nuevos horizontes culturales.



Así, ya que estaba me puse a casar gente, gente como David, que, digamos, se dedicaba también a eso de la exploración.



Y ya que estaba me puse a bailar breakdance. Amanecí con un moratón tremendo en la rodilla.

La playa de este día tiene su miga lo que podría convertir este post en el más largo de la historia así que lo contaré en otra oportunidad. Solo decir que Lore es mi superheroína favorita, salvó aquella tarde a dos chavales de morir ahogados. ¡CJ al rescate!



Llegamos al punto culminante de las vacaciones, la cena homenaje de los fans al afamado supercrisis.blogspot.com.

Los invitados.



El homenajeado.



El fondo norte. Sonriendo a cámara.




Y el fondo sur. Berto dándonos una clase magistral de gastronomía.



El tan esperado discurso y brindis final. Todos al borde de las lágrimas, ay!




Luego al Templo del Gato a pasar calor. Dentro solo aguantaron los valientes.



Terminamos la noche en el Vademécum para el que no dispongo de ilustración gráfica, bailando tecno a nivel profesional sin estar empastillados ni nada, eh! eh!


Jo! Que no acabo. Sabado, playa de Barra, la mejor playa del mundo, de la cual tampoco tengo manera de ilustrarla porque andábamos todos en pelotas.

Cangas, en busca del mejor bocadillo del mundo. La filarmónica.




Engulléndolo.




Más conciertos.




El Cristo Pajero.



Los lunes al sol, o los domingos.



María, santificado sea tu nombre, tu capacidad organizativa, tu paciencia…




Y sí, El Imperial. Y nuestra foto enmarcada y colgadita.



Si pasan cerca de Vigo, no lo duden, tómense unos albariños y visiten nuestro rincón en El Imperial, somos ya la segunda atracción turística en la provincia de Pontevedra después de las Cíes.

Santi me comentaba en el autobús todavía despidiéndonos que jamás lograríamos devolver todo lo que nos habían dado en esos seis días y pensaba yo que si alguna vez nos lo exigieran ley en mano, playa por playa, sonrisa por sonrisa, cariño por cariño…. tendríamos que huir del país. Muchas gracias por esa desenfrenada felicidad, la vuestra, en la mejor semana del mundo.

Por otro lado, chicas, ojo al parche, que todo no iban a ser buenas noticias. Aquí el frente masculino está trabajando en la confección de un plan alternativo y en directa competencia con el vuestro… Ta! Tata! Ta! - El Plan de la Pirindola -. Por el momento no es muy sofisticado que digamos pero hemos conseguido ponernos de acuerdo en cual será la fundamental primera regla:
_ Mudarse a Vigo.

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lunes, 14 de julio de 2008

El ex campeón del mundo

Tener un sueño no es malo, tener sólo tanto como para no poder permanecer despierto es una bendición. Mañana pienso enterrar un año entero de veinticuatro horas.


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boomp3.com
Hace tiempo cuando vivía en Lavapiés me gustaba dejarme caer terapéuticamente por la filmoteca dos o tres veces por semana. Ingería mi dosis específica de Erice, Antonioni, Kurosawa… como un buen niño con gafas de pasta. Solo después de tragarme los títulos de crédito me levantaba de la butaca para salir a la calle. No sé si la conservo pero por aquel entonces experimentaba una imperiosa necesidad reflexiva después del visionado de cada película y los escasos cinco minutos que me separaban de regreso a mi casa no eran margen suficiente si quería pasar de la premisa inicial, por lo que solía caminar en dirección contraria, a veces sin rumbo, otras atendiendo a una ruta programada de hora y media. El ímpetu de la reflexión decaía al cuarto semáforo en un ordinario cacareo autocomplaciente sobre que puntos de mi asquerosa vida estaba dispuesto a cambiar. Estaba dispuesto a cambiar muchas cosas. Aunque al decimoctavo ya no eran tantas continuaba alzando la vista hacia las escasas ventanas que se mantenían iluminadas amparado en la esperanza de responder a la pregunta de quién sería yo, qué tipo de vida me pertenecería si habitara tras ellas.

Hoy me he sorprendido evitando de nuevo el camino más corto para volver a mi casa, atendiendo a que en la actualidad vivo a una considerable distancia del centro y que ni siquiera he ido al cine repetir antiguos patrones me hace sospechar que las inquietudes de antaño vuelven a manifestarse no en base a la exigencia de transmutar ciertos aspectos perturbadores de una biografía diaria sino a nuestra permanente insatisfacción con lo que nos corresponde en cada momento, nuestra incapacidad para digerir que de bueno tiene llegar a un punto y conformarse, nuestra incapacidad para ya en las manos llenar la botella y luego, también nuestro, el talento para vaciarla del todo.

Sí, sí. Insatisfacción: andar a la brega, día y noche, de aquí para allá, en busca de un algo inconcreto, algo que nos haga sentir mejor, con el ánimo encendido, un motivo para levantarse, la ilusión de moverse, ir de camino, la excusa.

¿Qué tipo de excusa? No lo sé, una bastante buena. Alguna del tipo que anulara la posibilidad de ser canjeada por cualquier otra en un futuro, alguna clara y precisa que no pudiera ser modificada, interpretada o afectada por un agente externo, alguna, digamos, como el haber sido una soberbia estrella del rock y vender ahora tus propios discos a la salida de los bares, como la del boxeador que después de empeñar su cinturón de campeón del mundo no le queda otra que limpiar retretes para sobrevivir, una que justifique la razón por la que has luchado en esta vida y a la vez la razón por la que ya no es necesario seguir haciéndolo.

Parecería un discurso derrotista mas como diría el maestro Pedro Costa Pereira el significado de lo que es evidente no incluye el significado de lo que podría discutirse pero sí al contrario, y de todas maneras a pesar de su incorrección ética el hombre debería siempre reservarse el derecho a naufragar.

El derecho a escapar del requerimiento de lo correcto.

No como derecho pero sí como título yo elegiría reclamar el de ex campeón del mundo, no un título de vencedor en el pasado sino el que sin ganarlo nunca al obtenerlo lo ha perdido.

Un título a una rebeldía menor.

jueves, 10 de julio de 2008

Nico o cómo ser un gato de caricatura

¡!!! Ladies and Gentlemen ... con todos ustedes ... y de una vez por todas ...



... o cómo ser un gato de caricatura.





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miércoles, 2 de julio de 2008

Momentánea recesión emotiva de la felicidad



boomp3.com
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Hace tiempo escribí a una amiga ironizando sobre las célebres crisis que sufrimos los tipos creciditos como yo en época de cumpleaños, presumía de una presunta inmunidad otorgada al convivir con la señora de todas las crisis desde que tenía edad para afeitarme. Ambas, inmunidad y permanencia, las considero falsas.

Hoy en el autobús de regreso a Madrid aprecié lo bien que había disimulado mi tristeza durante todo el día, acaso se notó hacia el final, aunque bien pudo pasar por un momentáneo enojo porque no necesité aclarar mi súbito silencio. Pero lo malo de darse cuenta de lo bien que lo has hecho es que dejas de creer en lo estás haciendo, dejas de creer que no te afecta, que ya te has acostumbrado… y por tanto dejas que la crisis comience a creer en ti.

Habitualmente la gente cuando se le confía un momento chungo de nuestra vida tiene a mano unas palabras de ánimo, consejo o cualquier otro tipo de replica positiva con la finalidad de hacernos ver que no merecemos tanta tristeza como nosotros pretendíamos. Pareciera que se avergüenzan de nuestro desaliento, de nuestra debilidad, pareciera que debiéramos en toda circunstancia lucir una sonrisa permanente, una sonrisa que pueda hacerles olvidar que ellos también sufren un cachito del día cada vez que se levantan. Y eso sería lo idóneo porque así no tendríamos que dar explicaciones de ninguna clase, ni que buscar una causa razonable a nuestra desdicha, ni que añadir antes de los adioses un propósito de enmienda… Pero a veces solo se puede fingir lo que nos sale de dentro, y lo que nos sale es que estamos jodidos, tan jodidos que no nos apetece que nos vean tan jodidamente jodidos, lo suficiente como para no poder estar de otra forma. En estos casos disimular nos sale fatal y en un buen número de ocasiones acabamos capitulando y compartiendo nuestra desdicha con el prójimo.
No sé lo que esperan ustedes de los demás en dadas las circunstancias pero lo único que yo no querría es que trataran de alentarme o de resolver mi desaliento a golpe de argumentos en contra. La tristeza como viene se va, es una cuestión de creencia, si lo hacemos bien seremos capaces de fingir que somos capaces de ignorarla, si la ignoramos es como si no existiera, y si no existe no hay razón por la que estar alicaído. Entonces comenzamos a hacerlo mal, como no hay ninguna razón se la buscamos, y al buscarla descubrimos que estamos fingiendo, descubriéndolo perdemos la fe y al perderla dejamos de ignorar la tristeza. Tan pronto como viene se va.

La tristeza forma parte de nosotros, no depende de los acontecimientos para surgir sino para despertarse, medrar; son las palabras, (nuestro intento por verbalizarla, comprenderla, allanarla), quienes desarrollan su estado de continuidad en el tiempo, la crisis. Las palabras forman también parte de nosotros y están presentes todo el rato por lo que conseguiríamos acabar bastante jodidos si, gracias a la madre que parió el diccionario, no cohabitaran multitud de palabras diferentes, de las cuales muy bien podríamos desterrar la palabra crisis por algún que otro eufemismo como hacen los políticos, pongamos: momento de recesión emotiva de la felicidad, o desaceleración parcial de la alegría, o descenso de las expectativas del crecimiento fundamental de la diversión, o el que fuere capaz de permitirnos volver a fingir que ésta no existe, de creer que al final nos tocará ese pedazo de felicidad que andamos esperando.


jueves, 26 de junio de 2008

Inciso



Esto daría para un post completito pero son las seis de la mañana y me quiero ir a dormir así que lo voy a despachar en un pis pas. Si tienen una pistola en la cómoda de su dormitorio como cualquier ciudadano norteamericano medio no duden en utilizarla cuando vean a un tío con pinta de ir a tomar decisiones a la Fox España sobre que estudio de doblaje es el más indicado para destrozar mi serie favorita del momento; yo les reembolsaré las balas gastadas. Señores de estudiodedoblaje.com: ¡No se puede hacer peor! ¡No! No se puede arruinar la construcción de un personaje tan extraordinario como lo es Dexter Morgan, que le habrá llevado su tiempo y esfuerzo al genio de Michael C. Hall, porque a un tal enchufado I.J. después de la decimosexta le dijeron que por fin podría utilizar toda la basura que aprendió en la escuela de actores por correspondencia sin riesgo (de su integridad) a que le reconocieran por la calle. No señor, la voz de Michael C. Hall es dos tercios el personaje: grave, obscura, hipnótica, turbadoramente pausada, bla, bla, bla, algo así como la que debería utilizar un asesino en serie que invita a donuts todas las mañanas en el departamento de policía de Miami. Pero en España esto nos trae sin cuidado, de todos modos, jo jo, estamos acostumbrados, psicópatas o generales del ejercito, si siempre tienen el mismo tono de voz que el de un chaval de instituto para qué luego romperse la cabeza en tonterías! si somos capaces de fastidiar nuestras propias producciones somos también capaces de arruinar el trabajo de los demás! ¡Ni Paz Vega doblándose a sí misma podría haberlo hecho peor!
Y qué me dicen del personaje encantador y sexy que es Debra Morgan empobrecido por una indiferente voz femenina en español a la categoría de secundaria de última hora en superproducción made in Rumania, y el contundente sargento Doakes degradado al de un ordinario “cualquiera”, y el pervertido Masuka a a a a a…aaah! Sí, soy fan para los que todavía no saben de qué va ésto. Soy fan de Dexter y ayer me tocaba calentar sofá hora tras hora porque tengo una vida de mierda y cuanto más lo pienso menos ganas me dan de cambiarla… España Directo, Diario de Patricia, Alemania-Turquía, coño, Dexter (gritos de indignación), El Hombre sin sombra, Dexter (todavía sin creérmelo del todo), Caiga Quien Caiga, Dexter (a punto de suicidarme), Buenafuente, el porno del canal 7, el porno del canal 33, el porno del canal porno, Buenafuente, Roma (rizando el rizo), The Office…

Seres humanos del canal Cuatro hoy he recibido una gran impresión al imaginar como una de las series más premiadas de los últimos tiempos habrá decepcionado a tantos y tantos espectadores que después de su inusitada promoción alimentaron inimaginables expectativas. Gracias por cargarse un buen producto de televisión, gracias por cargarse a su audiencia, gracias por cargarse la inspiración que es Dexter para las generaciones futuras en la búsqueda de nuevos “oficios”…. Gracias por hacerme recaer en la lectura.

miércoles, 11 de junio de 2008

Presentaciones

“Estaba muy nervioso, el corazón me latía con fuerza y no era el momento apropiado para nada, mucho menos para hablar y decir algo con sentido. A los otros no parecía importarles demasiado el sentido de lo que decían, estaban convencidos de él y lo exteriorizaban con una seguridad atroz.”


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boomp3.com
No es que tenga una gran experiencia en la relación con los demás, a veces hablo demasiado y otras ni siquiera abro la boca, nunca tuve muy claro cuando es el momento adecuado para despedirse sin aparentar que pretendo deshacerme de una compañía incomoda o sin aparentar que espero más de lo que un primer encuentro puede ofrecer, tampoco si debo continuar con un tema de conversación que no me interesa pero sí al resto, no sé cómo si continua callarme, asentir o imitarles y no sé cómo ser educado al interrumpir o cómo seguir siéndolo cuando sin atreverme a hacerlo es el momento adecuado para ello; no es fácil y no tengo ni idea, pero presumo que a la hora de las presentaciones muy pocos la tienen.

Resulta relativamente sencillo pensar que uno se conoce bastante bien a sí mismo y por ende que puede llegar a conocer a los demás aplicando el mismo procedimiento, la cosa es que casi nadie se conoce. Nos gusta causar buena impresión, por lo menos a mí me gusta causarla, sobre todo cuando te presentan a alguien que todavía no sabe de que pie cojeas, y como no lo sabe sería descortés informarle porque seguro espera algo mejor de ti, y como es seguro que lo espera dispones justo antes del intercambio natural de saludos de entre diez y cincuenta segundos para fabricar una buena cabecera que resuma sinópticamente lo que sí puede esperar.

Las cabeceras están ideadas para emperifollar la incomodidad de los títulos de crédito, por otra parte inevitables: cómo era que te llamabas? ah perdona y qué haces? trabajas qué tipo de trabajo? bueno y tienes hermanos? una hermana vale dónde vives? te apetece tomar algo? no pues vaya hace calor eh? te has leído ese libro has visto esa película te gusta el café? qué quieres hacer? háblame de ti! Ufff… A no ser que seas Chris Martin y puedas regodearte en cada respuesta lo idóneo sería salpicar toda esta demanda informativa con un electrizante tema musical y un llamativo montaje. Así que si no eres una estrella del pop o el propio David Lynch abstente de intros como la de Twin Peaks.

Nunca habría que caer en el plano opuesto, ir de sobrado a lo Smallville porque luego no nos alcanza ni la clase ni el presupuesto, además sería contraproducente que nos tomaran por adolescentes a nuestra edad. Tampoco ya más adultas servirían la de C.S.I. por agresiva ni la de Californication por asemejarse excesivamente a un anuncio de Calvin Klein.

Debería reducirse a algo conciso, ingenioso y divertido como en The It Crowd pero sin ganarnos de una el apelativo freak, algo como la cabecera de The Office, música tomando ritmo, presentación del espacio, personajes y todo ello después de un buen chiste introductorio de minuto y tres cuartos. Es una estupenda manera de captar adeptos y bueno, de desviar la atención. En casos de necesidad conviene utilizar la intro de Cómo conocí a vuestra madre, casi siempre da buen resultado, eso sí, la primera anécdota que cuentes debe estar bien lograda porque se trata de enganchar y de que dure; en el momento que los tengas engatusados, a los cinco minutos, puedes soltar de sopetón una cabecera de apenas doce segundos, la musiquita molona e inmediatamente continuar con la sublime anécdota mientras intercalas los créditos; lograrías casarte con la chica y ni se daría cuenta de que en realidad no trabajas como agente doble para el gobierno de Pakistán.

Pero está en manos de la clase de persona que seas, hay gente seria por ahí que prefiere tomarse las cosas con un poco más de sofisticación y creo que Prison Break para los fanáticos de los cliffhangers psicológicos y Roma para los monumentalistas son dos buenos ejemplos.

Particularmente me decanto por las obras maestras, nada más cruzarnos la mirada, el extraño/a y yo, dios sabe que propongo el mayor desafío audiovisual de la historia de la televisión, en este caso, de las relaciones humanas. Dependiendo también de mi estado de ánimo; hay periodos en los que te sientes un tipo tan duro que serías capaz de comenzar a fumar dos cajas de montecristos al día y entonces piensas en Los Sopranos mientras miras por la ventanilla del autobús. Hay otros periodos más oscuros, interrogantes, en los que no te apetece hablar más de la cuenta, en esos adoptas una actitud misteriosa, son días de Expediente X. Pero sobre todo si quieres impresionar, si quieres dejarles con un palmo de narices, conseguir que despidan a tu jefe, montarte un trío, que tu mamá se sienta orgullosa de ti… hazte un desayuno como el de Dexter. Y si todavía no estás contento y aspiras a desnaturalizar todas tus insuficiencias de un solo golpe cúrrate la maravilla que es la intro de Six Feet Under. Aunque esté fuera de tus posibilidades merece la pena intentarlo, aún saliendo mal habrás despertado tantas expectativas en minuto y medio que les importará un pimiento que en realidad hables y actúes como un gilipollas, regresarán a sus hogares con la sensación de haber conocido a una persona extraordinaria que tan solo está pasando una mala racha.

No hay día que deje pasar la oportunidad de intentarlo, lo malo que a mi no me sale ni el pajarraco, por muchos Thomas Newman que haya escuchado, por muchas pelis de Wong Kar Way que me haya tragado, es inútil, después de varios intentonas al final termino por enchufar un burdo remedo de Cheers, con sus fotitos nostálgicas, la melodía entrañable, entrañable… por si cuela. La mayor de las veces no cuela y tienes que cambiar de tercio lo más discretamente posible, pasarte al bando cómico antes de que se den cuenta que tienen una cita súper importante a las ocho de la mañana del día siguiente y cambien de canal.

Este tipo de maniobras suelen ocasionar algunos inconvenientes puesto que la urgencia por arreglar las cosas puede hacernos perder nuestro punto de referencia con la realidad y lo que en principio juzgamos a todas luces gracioso únicamente tal vez lo sea solo para nosotros. Antes de que degenere en el patetismo de un Matrimonio con hijos correspondería comprimir el número de elementos propensos a molestar a unos mínimos razonables, a uno, dos acaso, un tío calvo, en bicicleta, por eso eliges Get a Life, por su bajo coste y porque es uno de esos chistes que aun viéndolos mil veces siempre te provocan una sonrisa.

Parece una soberana idiotez lo que estoy diciendo pero escoger la cabecera que te va a representar durante el tiempo que dura un primer encuentro podría llegar a determinar tu comportamiento en lo sucesivo. Me explico: no es lo mismo comenzar con un “que tal colega?” que hacerlo con un “encantado de conocerte”, cada detalle afianza la imagen que al otro le posibilita reconocernos y pensar en nosotros, por lo que entre más detalles se encaminen en una misma dirección mayores probabilidades tendremos de acumular un número de reconocimientos lo suficientemente grande que impida a nuestro share bajar del 20%, lo contrario supondría incurrir en una crisis general de autoestima. Como esclavos de las audiencias que somos si en su momento nos inclinamos por un “qué tal colega?” con posterioridad debemos continuar actuando de modo que nuestra conducta subsiguiente encaje con la clase de tío que soltaría ese primigenio “qué tal colega?”, porque justo eso es lo que esperan de nosotros, eso les gusta, hace las cosas más fáciles, y a nosotros nos gusta que les guste, nos hace las cosas más fáciles. Cuantas veces habrás tenido que engullir la maldita pizza con anchoas porque en el primer encuentro los otros fueron quienes eligieron los ingredientes y luego te preguntaron: “está bien así, no?” Como te iniciaste con un “encantado de conocerte” más tarde no podías soltar: “odio las anchoas”, te conformaste con un: “vale”. Por esta razón debemos poner especial cuidado a la hora de las presentaciones en elegir una cabecera que no sea incomoda, porque a buen seguro arrastraremos esa imagen durante el resto de la temporada.

- Si yo de verdad pudiera elegir una en vez de improvisarla forzado por las circunstancias sin duda elegiría la de Doctor en Alaska, tan descriptiva y sencilla como un alce paseando por las calles desiertas de una ciudad.

¿Cuál elegirías tú?

sábado, 24 de mayo de 2008

PERversos de PERversión

...boomp3.com

No logro identificar ninguno de los sonidos que emite, está frente a mí y me habla, puedo imaginarme las palabras empalidecidas alrededor de su boca blanca, de su lengua blanca, de su piel blanca, pero no puedo distinguirlas.
Tardo demasiado tiempo en reaccionar.
El señor empleado de metro de Madrid está más que acostumbrado a tropezar con tipos como yo por eso no pierde la calma e insiste amablemente para que abandone la estación. En la calle vuelvo a comprobar si la batería de mi mp3 se mantiene en las dos rayitas, después de eso solo necesitaría que volviera a llover, la lluvia asusta a la gente, cuando llueve se pliegan sobre sí mismos y dejan de preocuparse por los demás, caminar así es mucho más fácil.



El jueves me levanté con resaca sino todo hubiera sido más divertido. Lo peor de un día después de una noche bebiendo es tardar demasiado en decidirse a pedir la primera copa, después de un par de cocacolas la tristeza se ha instalado tan eficazmente dentro de tu disco duro que cuando te has decidido el alcohol ya ha dejado de ser terapéutico.

Había quedado con Cris para repartir los primeros ejemplares de PERversión que habían llegado de Zaragoza. A decir verdad estuve exhibiendo una indolencia sin límites respecto al proyecto durante meses pero los últimos días antes del maquetado final y gracias a la perseverancia de Cris logré entusiasmarme por el tema, y de estar fuera del segundo número pasé a colaborar con dos trabajos con lo cual me hacía especial ilusión tener entre las manos un ejemplar físico de la revista. A todos nos seduce la idea de ver nuestros trabajos publicados, aunque tengas que publicártelos tú mismo, y yo no era menos.
Esta es una de mis aportaciones. Un minicomic sin palabras.






No es que me crea Moebius ni esto es Arzach pero espero que se entienda. A la jefa le gustó, supongo porque ella es la protagonista. De todos modos dispongo de un texto que todavía no he escrito ligado al dibujo. Dirijanme un buen y afectuoso número de peticiones porque me cuesta coger el boli.

Siempre he tenido nulas dotes para cualquier tipo de comercio, hasta el gratuito, por eso cedí toda la responsabilidad de promocionarnos a la pobre Cris. Al poco, y después de comprobar que el asunto colaba, la gente nos atendía con verdadera atención, intenté crecerme e intervine en dos o tres ocasiones sin aportar gran cosa. Malasaña es un magnifico barrio para esta clase de publicaciones, desde hace unos años es una de las zonas de Madrid que representa mejor la actualidad cultural y el cambio de tendencias. Uno de estos cambios deseo sea la recuperación de la publicación casera, el arte del aficionado para el no tan aficionado. En los años ochenta, recién salidos de la represión del franquismo cualquier persona con un mínimo de inquietudes sentía la necesidad de reunirse con su grupo de amigos y hacer algo más en común que apiñarse los viernes por la noche en el bar de la esquina. Esas personas dibujaban, escribían, fotografiaban… otra manera de hablar, de comunicarse, y como todo lenguaje también éste requería de un receptor, de un interlocutor, el modo no profesional más directo de llegar hasta ellos era mediante el fanzine.

Hoy por hoy, en la época de las comunicaciones multimedia, internet y demás, el papel impreso ha perdido vigencia, la gente ha encontrado nuevas maneras de expresarse y llegar a los demás de un modo más efectivo y económico. Pero hay que tener en cuenta que por lo común los trabajos publicados a través de páginas web, blogs, etc. suelen hacerse a título personal, individualmente y en cambio los fanzine no tienen en absoluto sentido sino es por medio de una colaboración entre varias personas. Justo ese espíritu participativo es el que intenta rescatar PERversión.

¿Qué es PERversión? Cristina cuenta que estando en Inglaterra estudiando a tres chicas durante una noche psicotrópica se les ocurrió la idea de asociarse artísticamente. Una de ellas era la propia Cristina. Pero PERversión nace realmente en Madrid.
Había un concierto de jazz y Cris dibujaba. Resultaba curioso porque la sala estaba prácticamente abarrotada, todo el mundo pendiente de sus copas y del escenario mientras ella se mantenía concentrada en captar las figuras espasmódicas de los músicos. La observé durante unos minutos y luego me acerqué. Le pedí ver sus dibujos y ella me ofreció su cuaderno prefabricado. Lo hojeé durante un rato sin decir nada, al devolvérselo le pregunté si quería hacer un comic conmigo. Aceptó. En seguida reconduciría mi entusiasmo a un proyecto diferente que rumiaba desde hace tiempo, el diseño, producción y publicación de un fanzine orientado a la expresión gráfica. Cuando salió el número uno nuestras ambiciones alcanzaban niveles de cómo poco provocar un nuevo movimiento social y cultural. Pasaron dos años ambicionando.

Me gustaría que le echarais una ojeada y luego comentarme que os ha parecido. La versión digital es ésta:

http://perversionthefunzine.blogspot.com/

Si queréis contactar con nosotros bien sea para colaborar con vuestras ideas o proyectos bien para criticarnos o insultarnos también os dejo nuestro e-mail:

perversion.thefunzine@gmail.com

Repartimos un considerable número de ejemplares por algunos comercios del barrio de Malasaña, bares, librerías, peluquerías… si ves uno no lo dudes, agárralo antes de que te lo quiten. En breve también los que seáis de Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Londres o Ámsterdam tendréis la posibilidad de haceros con algún ejemplar. También podéis solicitármelos a mí directamente, de momento conservo un puñadito. En fin, ¡esto marcha!

Uno de los locales donde repartimos media docena de ellos es El 45 de Pelayo, donde os insto a degustar cualquiera de sus excelentes y económicos platos. Está en la misma calle Pelayo, mismo número, en Chueca. El bueno de Joaquín que se había unido a nosotros, siempre dicharachero e hipersociable, centralizó la atención emitiendo toda clase de bromas e ingenios, en parte por él, porque es divertido y hace reír a la gente, en parte porque los regentes del negocio son encantadores y nos abrumaron con su amabilidad, recibimos la invitación a probar una delicatessen consistente en melocotones rellenos de atún y caviar. Después de cenar nos despedimos de Joaquín que tenía que ir a buscar a Olga al aeropuerto prometiéndonos reunirnos la siguiente semana en la que casi simultáneamente se celebran nuestros cumpleaños. Un poco cansados, Cris y yo con las mochilas a un tercio de su capacidad originaria no teníamos más ganas de seguir distribuyendo la revista. Acabamos en un concierto de jazz de unos chicos fantásticos que Cris había conocido unos días atrás, no tienen nombre de grupo así que no puedo hacerles publicidad. Eran muy buenos. La gente bailaba jazz, disfrutaba escuchándoles y lo sentía. Nada que ver con el jazz de conservatorio aburrido y pedante al que nos tienen acostumbrados ni con el jazz-pop facilón de caraduras como Saint Germain o Manu Dibango. Por supuesto allí también repartimos la revista entre los clientes, con relativo éxito, por poco consigo otro anunciante para PERversión. Mientras pedía un par de copas conocí al dueño del local, un señor de unos indefinidos cincuentaytantos que lucía una buena melena. Le pregunté sobre el autor de los cuadros que tenían expuestos, había reconocido la manera de trabajar de mi amiga Marina, que utiliza editores de imagen para descomponer fotografías mediante fractales y supuse que serían de ella, pero para mi sorpresa pertenecían a una estudiante francesa llamada Monique. Algunos de los trabajos eran casi idénticos a los que yo había visto en casa de Marina. El dueño me prometió ponernos en contacto para que ambas se conocieran y de ahí comencé a venderle la revista y terminé por adjudicarme la labor de representante de artistas.
Por su lado Cris, infatigable, volvía a dibujar, como hace años, los movimientos sobre sus instrumentos de los músicos de jazz.

Nunca haremos ese comic.